¿Prohibir la consulta y venta de libros sobre la violenta y truncada historia de Colombia, no en provecho del olvido (¡qué tal!), sino en favor de algunos principios universales y de la voluntad general?
¿Eliminar, por ejemplo, Cien años de soledad de todo plan lector escolar por ridiculizar la utilidad de la guerra?
¿Prohibir la lectura generalizada de La Vorágine por supuestamente revelar los demonios de la ambición?
¿Censurar la reproducción de Las Razones del Lobo de Marta Hincapié Uribe por hacer apología del terrorismo, revelando desigualdades ficticias y glorificando el solapado trabajo de los defensores de derechos humanos?
¿Cubrir La Violencia de Alejandro Obregón por ser demasiado explícita para un niño?
¿Cerrar la exposición El Testigo de Jesús Abad Colorado por los motivos expuestos, pero en especial para evitar que se traumen los niños?
¿Instalar un criterio fijo de lo que sí se entiende como arte y lo que no (sugiriendo, quizás, un necesario retorno al renacimiento italiano)?
¿Propiciar las expresiones artísticas que dignifiquen a los héroes de la guerra, al desarrollo, a la familia, a la belleza de Colombia y a la palabra de Dios? (Priorizar obras que aborden la historia de Rafael Núñez, la gloriosa Constitución de 1886, la salvaguarda del Palacio de Justicia, la independencia de Israel, el éxito del Plan Colombia…).
¿Censurar la reproducción de toda Audiencia de Reconocimiento de la JEP por no dar cuenta de cómo deben funcionar de verdad los juicios penales? (Es necesario enfocarse en la importancia del Pathos, el Logos y el Eros, por completo ausentes en estas wanna-be audiencias).
¿Prohibir la mención, la promulgación y toda suerte de expresión relacionada con el número 6.402 por tratarse de una expresión vengativa e injusta?
¿Prohibir el Carnaval del Diablo de Riosucio por hacer apología al demonio y atentar contra el mandato divino de Cristo Rey?
¿Prohibir la composición, grabación, escucha y canto del rap por su tendencia revolucionaria y disidente? (Incluyendo las canciones de Bad Bunny, abiertamente mamerto).
¿Prohibir los pogos en el rock por atentar contra la vida, la salud y la dignidad? ¿Y, en paralelo, todos los festivales y discotecas con música electrónica por ser lugares de consumo de drogas?
¿Prohibir la venta del nuevo y ansiado Grand Theft Auto VI por incitar al terrorismo y la violencia entre niños y jóvenes?
¿Borrar todos los grafitis de todas las calles del país por mantener la memoria de las masacres cometidas por el Estado?
¿Prohibir los recitales de poesía y clubes de lectura (salvo de la Biblia o del Libro de la Verdad del ilustre vicepres(ia)dente) por ser nichos del wokismo?
¿Prohibir las barras bravas en el fútbol por tratarse de focos de delincuencia y drogadicción?
¿Censurar y cerrar la página web del legado de la Comisión de la Verdad en atención a su parcialidad y nulidad fundacional?
¿Cerrar el Congreso de la República para evitar las desgastantes trabas de las representantes de la izquierda?
¿Desfinanciar y reducir progresivamente las carreras de humanidades (salvo Derecho, pero recortando clases de derecho constitucional e internacional) por no ser más que nichos del terrorismo propio del pensamiento sesgado por libros y profesores parcializados?
Muy predecible… ¡Es necesario acudir a medidas más novedosas! Como si la memoria del pasado no nos advirtiera sobre estas situaciones nuevas y sin embargo análogas…
«Lejos de seguir siendo prisioneros del pasado, lo habremos puesto al servicio del presente, como la memoria —y el olvido— se han de poner al servicio de la justicia», diría Tzvetan Todorov en otro libro para la lista de censurables.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/martin-posada/