Cuando solo teníamos los pies

Cuando solo teníamos los pies para viajar, el mundo era más grande. Durante muchos años, incluso durante la mayoría del tiempo de la historia humana, las personas buscaron el mundo a partir de sus pies. Solo fue hasta la rueda cuando la visión de los espacios, las distancias y la conquista cambió. Antes de eso, solo éramos nosotros y los animales, todos con pies y patas descubriendo el mundo, conquistando territorios.

Hoy, en el 2026, cercanos a los robots, los carros voladores y una inteligencia artificial que, como su nombre no miente, es artificiosa y quizás mentirosa, miro a mis pies y vuelvo a ellos. Me aferro al viaje que mi cuerpo me permite. Por un momento dejo de lado el viaje largo que me promete el avión y me abrazo al viaje corto, pero, a mi modo de ver, profundo, que me permiten mis extremidades.

Suena la alarma de mi celular, tal y como lo decidí la noche inmediatamente anterior. Salgo de mi cama y me dirijo a la silla que sirve de estante para mi ropa. Una pantaloneta, de preferencia con una licra por dentro, o una licra desde que le perdí el pudor a la ropa pegada. Una camiseta, un par de zapatos, un par de medias, las del mismo estilo de siempre, las que no me ampollan y compro por docena en ese sitio secreto en el centro de Bogotá. Abro las cortinas, veo el silencio antes del caos en el horizonte que se abre ante mis ojos, saludo al día nuevo y agradezco por querer hacer esto.

Me preparo un café. Luego me lo tomo a pequeños sorbos. Saboreo esas notas ácidas que aprendí a conocer luego de que llegaron la prensa y el café molido a mi vida. Todo esto mientras les digo a mis perros: sigan durmiendo, ya vuelvo, los amo. Dejo el pocillo verde en el lavaplatos, abro la puerta, pido el ascensor, salgo y digo buenos días, Luz, Ginna, Jaime, dependiendo del día. Llego a la calle, respiro, miro al cielo, respiro, presiono algunos botones en mi reloj y suena pip.

Es en ese instante en donde comienza mi viaje. De correr mucho se habla, pero justamente es de esto de lo que hablo cuando hablo de correr. Caminos que conquisto, calles que conozco, montañas que se vuelven cumbres, espacios y personas que se vuelven conocidas. Me la paso viajando. Me gusta viajar por el mundo. El mundo se hace grande, cada día un espacio más. Puede ser el mismo recorrido, pero cada día en el que decido poner la alarma en la noche inmediatamente anterior, inicio un nuevo viaje.

Miro a mis pies y entiendo que el mundo está ahí, justo debajo de mí.

Otors escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/

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