Se podría decir que el Partido Republicano de 1880 fue la primera intentona por una alternativa política moderada dentro del continuum de la historia política de Colombia. No obstante, solo fue la plataforma de transición para la conversión ideológica de Rafael Núñez del liberalismo hacia el conservadurismo. 39 años después, Carlos E. Restrepo trataría de empujar una seria avanzada política que agrupara a los sectores más moderados de ambos partidos hegemónicos de la República. Se llamaría la Unión Republicana.
Esta propuesta política tuvo fuerza cuando Restrepo asumió la Presidencia en 1910. Sin embargo, una vez terminado el cuatrienio de su gobierno, no hubo más que decadencia política desde 1914 en adelante. Las fuerzas liberales y conservadoras participantes de su proyecto, amparado en la conciliación, no pudieron continuar con la apuesta de comunión política, dejando inconcluso dicho proyecto “republicano” para finales de los años 10.
Sería muchos años después, luego de una encarnizada polarización política, extremo bipartidismo, violencia civil, corrupción estatal, exclusión social y magnicidios, que el país volvería a evidenciar una propuesta de moderación para tiempos tan convulsos como los que fueron los finales del siglo XX colombiano. Cuatro años después de la nueva Constitución de 1991, un matemático, filósofo y previo rector de la Universidad Nacional de Colombia sería electo alcalde de Bogotá. Su nombre era Antanas Mockus.
Era peculiar contar con una figura tan puramente académica, intelectual, carismática y ajena a las trifulcas junto con los ires y devenires de la política tradicional que había gobernado al país en los turbulentos siglos anteriores. El fenómeno del “profesor-político” había fungido en la ciudad capital bajo una propuesta de “cultura ciudadana” que abogó por el desarme, la reducción de muertes por pirotecnia, el ahorro voluntario de agua, apariciones excéntricas y una contundente promulgación de normas civiles bajo la culta esencia de la pedagogía por el respeto al otro. Súmenle a eso el uso de una tarjeta amarilla/roja como parte de la campaña “Bogotá Coqueta”.
Gracias al éxito que tuvo entre la ciudadanía el desenvolvimiento de este inédito personaje, sería en las elecciones presidenciales de 1998 que Antanas Mockus procuraría llegar a la Casa de Nariño. Pero dicha insinuación sería fugaz, dado que terminaría como fórmula vicepresidencial de Noemí Sanín, la candidata conservadora que obtuvo una de las mayores votaciones femeninas de la historia electoral colombiana.
En 1999, ad portas del final del milenio, se daría un fenómeno similar con casi las mismas cualidades. No era bogotano, sino un medellinense —también matemático y profesor— llamado Sergio Fajardo Valderrama, quien asumiría la Alcaldía de la ciudad de la eterna primavera, en medio de un final de siglo que avanzaba entre el recrudecimiento voraz de la violencia entre el narcotráfico y el Estado. Eran tiempos recios, bien recios, para que figuras particulares llegaran a la estela pública.
Fajardo estaría al frente de Medellín hasta 2003 y, desde allí, comenzaría a construir su propio proyecto político con Compromiso Ciudadano. El encuentro con Mockus llegaría en 2010, cuando el Partido Verde reuniría a ambos, junto a Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, en la llamada “Ola Verde”. Con más de tres millones de votos, el centro volvía a convertirse en una alternativa presidencial de peso. Pero la derrota frente a Juan Manuel Santos y las posteriores diferencias internas terminarían fragmentando el proyecto.
El Partido Verde terminaría acercándose a los Progresistas de Gustavo Petro y, en 2013, ambos espacios confluirían en la Alianza Verde. Con ello, buena parte de aquel centro ciudadano comenzaría a desplazarse hacia la centroizquierda. El partido que había nacido intentando representar una tercera vía terminaría convirtiéndose en uno de los principales vehículos electorales de sectores progresistas.
Al mismo tiempo, otra criatura política surgida durante aquellos años tomaría un camino distinto. El Partido de la U, nacido alrededor del uribismo y posteriormente convertido en vehículo del santismo, terminaría ocupando un espacio más cercano a la centroderecha. Así, el centro colombiano comenzaría a partirse en dos: unos terminarían mirando hacia la izquierda y otros hacia la derecha.
Fajardo intentaría mantener viva aquella tercera vía. En 2018 obtendría más de 4,5 millones de votos y quedaría tercero. En 2022, con la Coalición Centro Esperanza, apenas alcanzaría 885.000 votos. Y en 2026 volvería a presentarse, esta vez con Dignidad y Compromiso, superando apenas el millón de votos y confirmando el declive electoral de su proyecto.
Mockus, por su parte, terminaría alejándose de la primera línea política. El profesor que había convertido la cultura ciudadana en una bandera nacional desapareció progresivamente del escenario electoral. Y Fajardo, después de tres candidaturas presidenciales, también terminó perdiendo buena parte de aquella centralidad que alguna vez lo convirtió en el principal rostro de la tercera vía colombiana.
Incluso Claudia López, quien durante años se presentó como una figura de centro e incluso llegó a ser asociada con posiciones de centroderecha por su énfasis en seguridad, hoy se define abiertamente como una mujer de centroizquierda progresista.
Quizás esa sea la paradoja histórica del centro colombiano. Desde la Unión Republicana hasta la Ola Verde, cada generación ha intentado construir una alternativa capaz de recoger distintas sensibilidades políticas. Pero una vez llega la hora de definirse, el centro termina fragmentándose entre quienes se acercan a la izquierda y quienes lo hacen hacia la derecha.
Pero entonces…
¿Cómo se puede ser todo, y al mismo tiempo nada?
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