Un mejor periodismo es necesario

Del tema he escrito antes. Es una deformación del oficio o un dolor por el mismo. Me ocurre que paso por páginas, canales o diales y siempre ocurre algo que me entristece o que me pasma en ocasiones, que me hace releer o levantar la cabeza con cierto desconcierto mientras me pregunto en voz alta si realmente acabaron de decir eso que acabo de escuchar.

Y no es ya mi pelea de siempre con los sesgos, tan evidentes, tan torpes, sino con el propio oficio, con la dignidad que debería implicar el ser periodista, con la responsabilidad con la que debe actuar quien se precie de serlo o de ejercer como tal.

Es cierto que el periodismo implica, para muchos colegas, riesgos. Siempre hay alguien que amenaza, siempre hay alguien molesto por haber sido desenmascarado que no encuentra nada mejor que hacer que acusar al periodista de tergiversar, de amañar. Lo acaba de hacer el congresista Daniel Briceño contra Vorágine, por ejemplo, luego de quedar expuesto su conflicto de intereses —o su pago de favores— en el debate sobre los impuestos saludables que a él —pero sobre todo a sus patrocinadores— tanto les incomodan.

Es cierto que es un oficio perseguido. Lo saben Ana Cristina Restrepo y Camila Zuluaga, cuyas cabezas fueron presentadas como ofrendas ante el mandamás de turno. Si la decapitación fue obligada ante la presión ejercida o voluntaria por parte de su empleador hará parte de las discusiones nunca cerradas de la historia nacional.

Lo sabe el caricaturista Vladdo y también, para sorpresa de muchos —me incluyo entre los sorprendidos—, Luz María Sierra, hasta hace poco directora de El Colombiano, diario en cuyas páginas puede uno encontrar ejemplos de ese periodismo útil a los intereses de unos pocos, en el que el contrapoder y la fiscalización se ejercen dependiendo de quién sea el poderoso a vigilar.

Los premios y homenajes que le brindaron el alcalde Gutiérrez y el gobernador Rendón a la exdirectora dejan un mal sabor de boca en quienes pensamos que reconocen más su buen comportamiento que la trayectoria de quien supo ser una periodista reconocida. Cumplida su tarea, dicen algunos, los dueños del medio optaron por ofrecerla como dádiva para deshacer cualquier posible entuerto con el Gobierno o evitar malquerencias futuras.

Digo, pues, que no es fácil ser periodista. Ni antes, ni ahora, ni nunca. El presente es complicado y el futuro no se muestra halagüeño. El modelo de los grandes medios hace agua y la confianza de las audiencias sigue en descenso. El Digital News Report del Instituto Reuters es un registro año a año de cómo la confianza en las noticias y en los medios ha ido cayendo. En 2026, el índice global de confianza es de apenas el 37 %. Para Colombia en particular está en el 25 %. Podrá señalarse hacia muchos lados, podrán encontrarse muchos responsables, pero algo se está haciendo mal en el oficio.

Sin buen periodismo (que no es lo mismo que grandes medios), cojea la democracia y se fortalecen los autoritarismos.

Soy profesor de periodismo. Les hablo a los estudiantes desde mi propio optimismo. Estoy convencido de su importancia e intento, espero que con acierto, enamorarlos de él: alimentar la curiosidad, fortalecer el criterio tanto para que separen la paja del trigo y sepan inferir los porqués de ciertos titulares.

Sostengo en clase, porque así lo creo, que un mejor periodismo es posible. Hoy podría cambiar esa declaración por otra: un mejor periodismo es necesario.

El presente, insisto, hace difícil creerlo. Esta semana varios medios de comunicación (unos más grandes que otros, pero estaban El Tiempo, Vanguardia y Semana, aunque lo de la revista es caso aparte) trinaron casi en coordinación unos con otros, y sin ningún asomo de vergüenza, que el presidente Abelardo de la Espriella paró en una tienda de Montería a chuparse un bolis y que el vicepresidente José Manuel Restrepo salió de su oficina para comerse una oblea.

Es claro que esa información, fotos y videos incluidos, viene de las oficinas de comunicación de ambos funcionarios, pero ¿cómo, por qué y a son de qué las diferentes redacciones simplemente copiaron y pegaron? ¿Dónde estaban allá los periodistas no ya para que verificaran nada, sino para que concluyeran lo que concluiría cualquier otra persona, con o sin experiencia en el oficio, que eso no tiene importancia alguna y que por eso no había que gastar caracteres en tamaña tontería?

Recuperar la confianza de la ciudadanía en las noticias pasa por ejercer de manera responsable el ejercicio de informar, de separar lo que es de interés público y lo que nos quieren vender como de interés del público. Ese es un primer paso. Estoy convencido de que no es tan difícil hacerlo.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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