Revivir el 8000

En junio de 1994 un dólar se cambiaba por 825 pesos colombianos.  Los 6 millones de dólares del Cartel de Cali, que entraron a la campaña de Samper entre primera y segunda vuelta presidencial, se convirtieron en cerca de cinco mil millones de pesos para logística, publicidad y para “aceitar la maquinaria” (léase compra de votos) del “glorioso” Partido Liberal.  La diferencia entre Samper y Pastrana en primera vuelta había sido de solo 18,000 votos (0.32%) y la campaña liberal estaba con las arcas vacías. Todo peso contaba. Todo voto era crucial.

“De ustedes depende la presidencia” le dice el periodista Alberto Giraldo a Miguel Rodríguez Orejuela en una de las conversaciones contenidas en los narcocasetes que han vuelto a resurgir de los archivos con la serie documental 8000. El presidente que si iba caer de HBO Max.

Han pasado treinta y dos años desde que Andrés Pastrana publicó las grabaciones del proceso de negociación y entrega de dineros del narcotráfico a la campaña de Ernesto Samper. El 46% de los colombianos no habían nacido cuando estalló el escándalo y, a muchos de los que lo presenciamos en vivo y en directo, yo era estudiante de quinto semestre de derecho, se nos han olvidado los detalles y algunos de los protagonistas de la trama. El documental, basado en el libro escrito por los periodistas Mauricio Vargas, Edgar Tellez y José Lesmes en 1996, no solo repasa mucho de lo que se conocía, también se adentra en asuntos desconocidos y en personajes que, por cuestiones legales y de seguridad, no podían figurar en narraciones y crónicas de la época.

El eje central de la serie es el periodístico y no es exagerado decir que, de no ser por el trabajo del periodismo investigativo en equipo con unos funcionarios judiciales valientes y capaces, difícilmente se habría dado el escándalo, la judicialización y las condenas en tan grave asunto. No se puede minimizar el hecho de que hubo, tanto en el crimen organizado, Cartel de Cali, como en la clase política de varias regiones y, no menos importante, en el gobierno de Ernesto Samper, todo un esfuerzo sistemático y estructurado para enterrar lo ocurrido y por disuadir y/o amenazar a cualquiera que quisiera desentrañar la larga lista de delitos cometidos antes, durante y después de la llegada de las cajas repletas de billetes a la campaña.

Empecemos por el elefante en la habitación. No me refiero a la frase del Cardenal Rubiano, sino al papel central que jugó la revista Semana en el proceso. Difícil creerlo hoy con la desfigurada presencia de un portal dedicado al click y a la manipulación, pero Semana era en esa época un verdadero contrapoder y una casa de grandes periodistas. Aun así, es muy interesante escuchar a Vargas, en ese entonces director de la revista, y a Tellez y Lesmes narrar las tensiones y fuertes discusiones, con el entonces propietario Felipe López, sobre la investigación y sobre qué se publicaba y qué no se publicaba, que llegaron incluso a la renuncia colectiva. No olvidar que López era hijo de expresidente liberal, con conexiones con poderes económicos cercanos a la campaña ganadora y con lazos de amistad con algunos de los protagonistas. 

Uno de los personajes más complejos e interesantes, que pesó en asuntos centrales de la tensión periodística y judicial, fue Fernando Botero Zea. Gerente de la campaña, Ministro de Defensa del nuevo gobierno y estrella brillante y ascendente del mundo político (además de hijo del Maestro Fernando Botero y de Gloria Zea), Botero Zea rompía con el molde del político tradicional. Su papel en la negociación del dinero, en los compromisos siguientes (en las grabaciones le decían “el que va a ser el número uno de los verdes”) y en el esfuerzo del gobierno por esconder lo sucedido, rompió estereotipos y paradigmas criminales. El delito, queda claro, se mueve con facilidad en todos los estratos socioeconómicos. Semana, tan contundente con otros personajes del proceso, fue inicialmente en extremo condescendiente con el ministro llamándolo “siempre elegante, siempre con la frente en alto” a la salida de su indagatoria. Los hechos y la insistencia de los periodistas, finalmente, permitieron desnudar su papel y su responsabilidad central en los hechos.

El otro eslabón de la institucionalidad que resistió fue la justicia. A pesar del archivo prematuro ordenado por el primer Fiscal General, De Greiff, Alfonso Valdivieso quien lo sucedió, su Vicefiscal Adolfo Salamanca y los fiscales sin rostro Germán Arias y Oscar Toro (los héroes silenciosos y hasta ahora desconocidos de esta película), entre otros, fueron capaces de reconstruir el proceso cheque a cheque, grabación por grabación y personaje por personaje. Contra una mezcla de poderes criminales, económicos y políticos, el equipo de la Fiscalía logró llevar ante los jueces y luego a prisión a ministros, parlamentarios, dos contralores generales, un procurador general, periodistas, contadores etc. Faltó el Presidente de la República, pero es que la Constitución del 91 desafortunadamente, en la práctica, hace inmune al primer mandatario de los colombianos.  

 Bien haría el país en repasar los hechos del proceso 8000. No solo porque es un capítulo central de nuestra historia reciente, sino porque los poderes que conspiraron en la década del 90 siguen ahí. Con otros nombres y acentos, pero intactos. Es importante recordar el papel fundamental de la prensa porque, como vimos con Ana Cristina Restrepo y Camila Zuluaga, al poder no le gusta la mirada crítica y autónoma y pedirá cabezas. Petro también lo hizo.  Es importante siempre recordar el papel de la justicia e insistir en su autonomía e independencia.  

A pesar de las tragedias y adversidades, y de demasiados políticos perversos, este país no se ha hundido gracias a una mezcla de tesón, pasión, valor, inteligencia, honestidad y compromiso. Los medios y la justicia han sido y siguen siendo estandartes de nuestra democracia. Su defensa es urgente y no da espera.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-londono/

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