Gracias Lula, gracias Brasil.
Un país: Brasil; un estado: Paraná; una ciudad: Ponta Grossa; una beca de cooperación académica; una universidad donde estudié un doctorado; una hija que nació allí; cuatros años que ahora me hacen sentir saudade de Brasil.
Allí viví, en carne propia, que las decisiones de un gobierno pueden transformar la vida de alguien que, incluso, nació lejos de ahí.
Por eso, obrigado, Lula. @LulaOficial
Cuando asumiste la presidencia en 2003, Brasil era una sociedad profundamente desigual. Durante tus dos primeros gobiernos, la pobreza moderada pasó del 26% al 14% y la extrema se redujo a la mitad, entre 2003 y 2009. Bolsa Família, la valorización del salario mínimo y el crecimiento económico contribuyeron a transformar la vida de millones de personas. Y en tu tercer mandato, Brasil volvió a salir del Mapa del Hambre en 2025.
Pero hoy quiero agradecerte por algo menos material.
Obrigado por não desistir.
A tus ochenta años, acabas de ganar por cuarta vez la presidencia de Brasil, el gigante sudamericano, con el 51,79% de los votos. No derrotaste aplastantemente a la derecha: casi sesenta millones de brasileños votaron por Flávio Bolsonaro @FlavioBolsonaro. Tampoco resolviste las contradicciones de una izquierda que parece necesitar todavía de sus dirigentes históricos para imaginar el futuro.
Pero eso no le resta, ni un ápice, a tu victoria.
Tu triunfo importa en una América Latina donde las nuevas derechas han hecho de la lucha contra la izquierda su identidad política y donde la indignación parece ofrecer mayores réditos electorales que la deliberación, la planeación, la gestión, la ejecución, la evaluación…
Pero Lula, tampoco estás por encima de estas tensiones. Los escándalos de corrupción que atravesaron tu partido, el de los Trabajadores, y las negociaciones con sectores políticos tradicionales obligan a examinar los límites de tu pragmatismo. Ahora, la alianza con antiguos adversarios, como Geraldo Alckmin @geraldoalckmin, recuerda que gobernar sociedades plurales, como la colombiana y la brasileña, exige construir acuerdos sin abandonar necesariamente las convicciones.
Muito obrigado, Lula. Por mi, por Brasil, por recordarnos a los latinoamericanos que la democracia todavía puede producir persistir.
Pero para despedirme, una pregunta incómoda: ¿quién será capaz de mantener viva la esperanza cuando ya no estés?
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