Las discusiones sobre el uso de los dispositivos electrónicos, las aplicaciones, incluyendo las de Inteligencia Artificial -IA- en las aulas de clase lleva varios años rondando las escuelas y hogares de los chicos en edad escolar. Hay argumentos a favor y en contra y, cómo en casi cualquier discusión, no hay una respuesta única válida.
A propósito, la reducción general de los resultados obtenidos en las pruebas internacionales PISA para chicos de 15 años que realizó la OCDE en 2025 y que recién acaban de salir esta semana (en matemáticas para el promedio de la OCDE bajó en 22 puntos y en lectura 28 puntos) ha puesto en un lugar central el uso de la IA y de los dispositivos en las aulas.
La conclusión es que ese uso sí afecta los resultados. Uno moderado y para asuntos muy concretos resulta útil, pero no uno indiscriminado y tampoco el uso para actividades no académicas dentro del aula, lo que lleva a afectar incluso a quienes no las usan en el mismo salón por el efecto distractor.
Dos asuntos más resultan clave de acuerdo con los análisis de la OCDE en torno a los resultados de las pruebas: les va mejor a aquellos estudiantes que no usan la IA para la redacción, pero también a aquellos que usándola lo hacen como herramienta para aprender y además le hacen curaduría a la información.
En otros términos, la herramienta usada como complemento ayuda a la formación, más no cuando es usada como reemplazo de la habilidad que se espera se esté formando justamente en el aula, como es la del análisis y redacción de textos. Tampoco cuando se usan en el aula de clase, pero los fines son de esparcimiento, convirtiéndose en factor de distracción y menor aprendizaje.
La explicación completa de la reducción de los resultados para la mayoría de los países, incluyendo a Colombia -que por fortuna ha tenido un compromiso férreo de participación para evaluar qué tanto aprenden nuestros jóvenes- no reside exclusivamente en la IA y el uso de dispositivos en las aulas. El proceso educativo es complejo y tiene múltiples factores que pueden explicar los resultados de lo que efectivamente aprenden los jóvenes en las instituciones educativas. Por esto, los resultados PISA son tan útiles, porque no solo consisten en el desarrollo de una prueba estandarizada en varias áreas del saber, sino que también hacen encuesta a los estudiantes para conocer más detalles de esos factores más allá del aula de clase.
El factor socioeconómico de las familias de los chicos sigue siendo importante para explicar las diferencias. En esta ocasión, para el promedio de los países de la OCDE, los estudiantes de familias de más altos ingresos obtuvieron 85 puntos más en ciencias que los de familias de menores ingresos. Esta diferencia se redujo levemente, pero por una caída de los resultados de los chicos de familias más pudientes, más que por un progreso en el aprendizaje de los de menores ingresos.
De acuerdo con la OCDE (2026), también se ha demostrado que los sistemas educativos que se enfocan en menos áreas de aprendizaje, pero con mayor profundidad obtienen mejores resultados, a diferencia de currículos cargados de cuántas cátedras se ponen de moda. La inversión en las capacidades y conocimientos de los profesores sigue siendo un factor relevante, así como el apoyo a las instituciones y estudiantes que presentan los resultados más bajos para no dejar a nadie atrás, tal como lo establece la Agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En el caso de Latinoamérica, se mantienen los resultados por debajo del promedio de todos los países de la OCDE. El mejor resultado es en ciencias, mientras el peor sigue siendo en matemáticas, y en el medio la lectura. El rezago expresado en años escolares es muy diciente, un joven de 15 años en Latinoamérica aprende mucho menos que un joven para el promedio de la OCDE, específicamente cuatro años menos de aprendizaje para lectura y cinco años menos para matemáticas.
Ahora bien, así como se veía antes que las condiciones socioeconómicas del hogar del estudiante importan, también así lo es para la inversión en educación por parte de los países. Quienes invierten más por estudiante obtienen mejores resultados: “En promedio, el gasto acumulado por estudiante hasta los 15 años en la región es de US$38 mil frente a US$134 mil en la OCDE” (BID, 2026, Arias y otros). No obstante, la región enfrenta un problema más y es que dado su nivel de inversión, sus resultados podrían ser mejores, lo que implica una brecha que es posible corregir con las reformas adecuadas, sin tener que esperar más recursos para invertir, por lo menos en un inicio.
Lastimosamente, para Colombia no se contó con información de inversión por estudiante y, por ello, no es posible plantear el anterior escenario con tanta nitidez, aunque cabría esperar que así fuera, dados los resultados encontrados. Más allá de la preocupación por lo que efectivamente aprenden los muchachos, está la cobertura. En el país, aunque hemos ampliado las coberturas de la básica primaria y secundaria, seguimos con un rezago en la media (15-17 años). En esta prueba Pisa, la cobertura para los jóvenes de 15 años fue del 75%, esto es, jóvenes que efectivamente estuvieran estudiando y que hubiesen alcanzado por lo menos el séptimo grado. Este porcentaje es similar al de la región latinoamericana y más bajo que el de Chile donde la cobertura alcanzó el 95%.
Los resultados de PISA muestran retos grandes, principalmente para Latinoamérica que sigue rezagada en los aprendizajes de las áreas básicas, y aunque está claro que la inversión es menor que en los países más desarrollados, tiene un margen de mejora con los mismos recursos invertidos hasta ahora. La ruta está marcada de tiempo atrás, falta mayor voluntad para emprender acciones que pongan la educación en el centro de la transformación social y económica y que incorporen de forma inteligente las nuevas tecnologías a favor del aprendizaje.
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