La respuesta

Popayán, Cauca: 1983. Armero, Tolima: 1985. Páez, Cauca y Huila: 1994. Armenia, Quindío: 1999…

Quibdó, San José del Palmar, Chocó; Manizales, Riosucio, Caldas; Pereira, Dosquebradas Risaralda; Armenia, Quimbaya, Quindío; Cali, Buenaventura, Valle del Cauca: 2026…

…Entre una larga lista de municipios y áreas intermunicipales que conforman la lista de zonas damnificadas a lo largo del occidente y suroccidente colombiano. 27 años después del último sismo de gran magnitud en el país, Colombia vive una de sus crisis ambientales y humanitarias más críticas del siglo. Y ante un momento tan delicado para la estabilidad social a lo largo de los territorios, solo queda pensar ¿Qué recursos a nuestra disposición podemos quedan para atender la emergencia hoy, y asimilar la vulnerabilidad del país ante estas calamidades para el futuro?

Primero hay que entender que estos desastres no son esporádicos, ni una casualidad de la mala fortuna, puesto que son producto de la inestable ubicación en la que se encuentra nuestro territorio.

A Colombia la atraviesa el Cinturón de fuego del Pacífico, o más coloquialmente conocido como “Anillo de Fuego”, una franja de más de 40.000 kilómetros que está dispersa -con forma de herradura- a través de las costas de 3 continentes colindantes con el océano más grande de la tierra. A su vez, es la extensión geográfica donde ocurren el 90% de todos los terremotos del planeta, y alberga el 75% de todos los volcanes activos en el mundo.

El litoral occidental del país está dentro de la cobertura de dicha franja, al mismo tiempo que se ubica cerca del límite de la placa tectónica sudamericana con la placa tectónica de Nazca, que cubre una porción significativa del océano. El sismo de magnitud 7.4 que se dió este lunes con el epicentro en Chocó, fue producto de un movimiento de placas en el que la plancha del pacífico pasó por debajo de la sudamericana, en un proceso conocido como subducción.

Estas calamidades que superan con creces cualquier tipo de desastre natural, más aún por el hecho de que no son previsibles como la actividad volcánica, las tendencias meteorológicas o el abastecimiento ecológico, son “actos divinos” que no pasan como una temporada pasajera. Son propios de la naturaleza con la que debemos convivir, adaptarnos y asimilarlo como especie. ¿Qué progreso se ha hecho en el país con respecto a esta materia?

Los aprendizajes del terremoto en Popayán en marzo de 1983, se vieron una vez demostrada la vulnerabilidad de las edificaciones ante catástrofes sísmicas. Por lo que después del desastre se implementó a través del decreto Ley 400 de 1984 el Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes. Dos años después, ante la tragedia de Armero, otra debilidad expuesta fue la de la articulación institucional para socorrer las vidas afectadas por el derrumbe en la zona. Luego se supo que numerosas entidades nacionales e internacionales habían advertido de un riesgo de desastre en la zona, y el gobierno nacional de aquel entonces había hecho caso omiso. 

Y entre desastres intermedios como el desbordamiento de la cuenca del río Páez en los departamentos del Huila y el Cauca, el gobierno procuró centrar esfuerzos para atender a los habitantes afectados de los asentamientos cercanos al río, apoyándose en academia, entidades territoriales y organizaciones científicas para tomar acciones. Incluso habían logrado con éxito notificar antes de la calamidad a los habitantes locales para evacuar los territorios.

El aprendizaje más importante fue el que dejó Armenia -junto a otros 28 municipios del eje cafetero- con uno de los sismos más catastróficos que ha tenido la historia reciente del país.alrededor de 100.000 edificaciones destruidas, miles de pérdidas humanas y medio millón de personas despojadas de sus hogares. Ante este momento tan delicado el gobierno nacional tomó una de las apuestas más audaces para la gestión de desastres en la historia. 

Se aunaron esfuerzos de sociedad civil, sector privado y sector público para realizar una inversión de más de un billón de pesos para la reconstrucción de más de 68 mil viviendas – terminadas, y posteriormente la creación de un fondo para la reconstrucción del eje cafetero, partiendo de los preceptos de la nueva gestión pública para la superación de la crisis, y procurar desarrollar la región como medida integral a futuro.

Pero hoy, solo es sociedad civil, y pocas organizaciones de carácter social que han liderado la iniciativa para socorrer a los afectados por la calamidad reciente. El gobierno nacional ha anunciado ayudas tributarias y subsidios de asistencia, que a comparación de los avances estructurales e innovadores del pasado, no parecen significativos. Encima de ello, no ha considerado el recibimiento de ayudas internacionales para hacer efectivo el auxilio a víctimas que aún se encuentran dentro de los afectados por el sismo.

Para el momento en que escribo esta columna, a los 224 muertos, más de 200 desaparecidos, y aproximadamente 2000 heridos a lo largo de los departamentos afectados, le pregunto al gobierno nacional, con el mejor ánimo de expresarles una voluntad de apoyo y envalentonamiento ¿Cuál es su respuesta?

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/

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