La prueba de fondo

En las últimas semanas he insistido, desde distintos ángulos, en una misma idea: la extorsión no se resuelve con más operativos, sino con inteligencia financiera que rastree el dinero; la fumigación no funciona si no viene acompañada de un control territorial sostenido; y en el Micay, el Estado entró, golpeó y se retiró sin dejar nada que perdurara. Detrás de estos casos hay un patrón común que vale la pena mencionar directamente: Colombia mide el éxito de su seguridad por lo que hace, no por lo que cambia.

Capturas, hectáreas erradicadas, toneladas incautadas: son cifras de actividad, no de resultado. Dicen cuánto trabajó el Estado en un mes, no si ese trabajo debilitó a un grupo armado, le quitó territorio o le cerró una fuente de financiación. Un gobierno puede capturar a miles de personas y, al mismo tiempo, ver crecer el pie de fuerza de los grupos que combate, si esas capturas no tocan lo que realmente los sostiene.

Si se toma en serio esa distinción, al menos hay cuatro preguntas que deberían reemplazar la de cuántos operativos hubo. La primera es financiera: ¿se afectó el flujo de dinero que sostiene la estructura o solo se incautó un cargamento puntual? La segunda es judicial: ¿esas capturas avanzaron a imputación y condena, o se represaron en una Fiscalía que ya no da abasto? La tercera es territorial: ¿se resembraron los cultivos erradicados al año siguiente, como ha ocurrido con nueve de cada diez hectáreas del país en la última década? Y la cuarta es de permanencia: ¿la oferta estatal —hospitales, vías, programas de sustitución— sigue en pie un año o dos después del anuncio, o el Estado ya se retiró?

No es una conclusión aislada. Distintos centros de pensamiento y analistas de seguridad en el país han llegado, por caminos separados, a preguntas similares: si la fijación en las cifras operativas dice más sobre la necesidad de mostrar resultados inmediatos que sobre si esos resultados se sostienen. Que ejercicios independientes —el que he venido construyendo semana a semana sobre casos concretos y el de otros que estudian esto de tiempo completo— coincidan en la misma pregunta no es casualidad: es señal de que el problema es real.

Ninguna de estas preguntas es tan fácil de responder como anunciar una cifra de capturas en una rueda de prensa. Requieren seguimiento, tiempo y datos que hoy no siempre están disponibles. Pero son las que, en realidad, distinguen una estrategia que funciona de otra que solo parece funcionar. Esa debería ser la vara, más allá de quién la mida o quién gobierne.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/cesar-herrera-de-la-hoz/

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