El gobierno de Abelardo de la Espriella es un timeline de scroll infinito. Como la zona de cortos de Youtube que no para de ver mi hijo, a pesar de que lo tiene prohibido. Como los reels de Instagram que sigo consumiendo aun cuando ha saltado la alarma de máximo quince minutos al día con la que programé la aplicación de modo tan inocente.
Han dicho los científicos que los “shorts” sobreestimulan el sistema de recompensas y adormecen la atención y el autocontrol; hacen que se libere dopamina, la sustancia de la satisfacción y el placer momentáneos. A la postre, este formato de contenido, con toxicidad verificada, disminuye la tolerancia a las actividades pausadas, como leer y estudiar, porque se perciben aburridas.
Para el caso en cuestión, dicha modalidad anula la resistencia a las actividades pausadas como diseñar políticas públicas y elaborar respuestas complejas a problemas complejos o respuestas, a secas, ante preguntas difíciles. O ante preguntas, a secas.
Un presidente alérgico a la dificultad, adicto a la dopamina que se le derrama a borbotones ante su propia imagen, gobierna en formato short, para unos ciudadanos todavía más hambrientos de shorts: unos con ansias de diversión y ovación, y otros con apetito desmedido hacia la próxima indignación.
Por eso el Tigre se hace grabar firmando decretos de extradición, sin necesidad de haberlos leído. O firmando decretos en general. De acuerdo con un informe de La silla vacía, en su primer mes, ADLE “presentó 163 decretos, 217 resoluciones, y 19 entre circulares, acuerdos y directivas”. Entre todo ese montón de órdenes, ninguna de política pública y dos de cada tres para derogar algo.
Derogó varias directrices de protección ambiental (todas las que ha podido), y derogó (este es el short más viral) la prohibición para expedir nuevos permisos para el porte de armas. Tras lo cual, los consumidores enardecidos tumbaron la página web de Indumil, que se quedó corta para responder a tanto fan con la corteza prefrontal del cerebro entumecida por el éxtasis.
Dijo que ya era hora de que los ciudadanos de bien pudieran defenderse, en un país donde el 99 por ciento de los delitos se cometen con armas ilegales. Matemática simple, también dijo. No dijo, porque era complicar mucho, que en todos los lugares donde se flexibilizan tales restricciones aumentan las cifras de violencia. Gracias a Dios, eso sí, cometida por personas de bien.
Más shorts del timeline:
- Ofrecer subsidios y cantar boleros cuando lo difícil es presentar un proyecto de reconstrucción con plazos y presupuestos claros. Hasta el diario La Patria de Manizales señaló en un editorial el silencio del Gerente del Fondo Milagro y con eso, supongo, salió del llavero de los “medios amigos”.
- Ordenar por redes sociales la atención en salud a personas que han logrado hacerse visibles, cuando lo difícil es diseñar un plan de contingencia que alivie a los colombianos con escasa capacidad de viralidad.
- Asegurar curas y pastores en puestos de mando dentro del sector educativo, para que metan a Dios en las aulas, cuando lo difícil es hablar de mejoramiento en la calidad y la pertinencia de la educación y escolarizar los miles de niños a los que el terremoto les tumbó el colegio.
- Prohibir las preguntas, las declaraciones de ministros y las ruedas de prensa, porque lo difícil es ser transparente y permitir los cuestionamientos y el disenso.
Lo fácil es el eslogan, lo difícil es el diálogo; lo difícil es la democracia. Hasta ahora, ver un Presidente que madruga, firma, monta en helicóptero, se mueve, muestra cadáveres de delincuentes caídos en combate, ha producido una ilusión de buen gobierno, porque la vara estaba muy bajita. Falta que con el hambre, la enfermedad y la inseguridad al cuello, haya quien despegue los ojos de la pantalla y salga del embeleso.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/catalina-montoya/