Para escuchar leyendo: Entre sobras y sobras me faltas, Antonio Orozco.
Busco y busco y no encuentro, ojalá uno de ustedes pueda darme luces. Sin embargo, permítanme aprovechar ese desconocimiento para presentar otra idea sobre el futuro de esta Medellín adorada.
Si han pasado por La Alpujarra por estos días, se habrán dado cuenta de una gran construcción que avanza en el espacio donde alguna vez Teleantioquia grabara sus historias. Ahí, donde ahora se ve un profundo hueco donde se erige una grandísima estructura metálica, se está construyendo el nuevo Palacio de Justicia de la ciudad, el edificio más grande del complejo administrativo que recibirá los tribunales y oficinas de la rama judicial en la ciudad.
Otro día hablamos de él, porque el diseño es controversial para el espacio icónico que llegará a completar. Hoy quiero invitarles a soñar en este momento único, y voy directo al grano: El actual Palacio de Justicia, y el edificio complementario donde está la DIAN, bien podría ser demolido para darle a la ciudad un nuevo pulmón y un brillo necesario para todo el centro.
Imaginemos, paisanos, un corredor verde continuo de cerca de 1,2 kilómetros que una la Galería Bolívar, Plaza de las Luces (16.000 m² ya construidos y que bien podríamos renovar), la Biblioteca EPM, los edificios Vásquez y Carré, los paseos de Carabobo y La Alhambra, la Estación del Ferrocarril, Plaza Mayor, Parque de los Pies Descalzos y Parques del Río, hoy separados por la Avenida San Juan y unas cuantas cuadras de asfalto. La propuesta consiste en «coser» ese tramo con una franja de espacio público de unos 35.000 a 40.000 m² adicionales, aprovechando andenes ampliados, un paso controlado por San Juan para no impactar el tráfico y los predios liberados alrededor de la vieja estación. Ese nuevo corredor podría albergar entre 1.200 y 1.500 árboles nuevos (ceibas, guayacanes, ocobos y algunas palmas para mantener continuidad con la vegetación de Parques del Río), lo que generaría una masa arbórea capaz de bajar la temperatura superficial varios grados y crear un techo de sombra continuo para peatones y ciclistas, mermando la gran isla de calor que toda La Alpujarra le representa a la ciudad.
La idea de fondo es puntual: en lugar de tres espacios públicos aislados —cada uno con su propia identidad pero desconectados entre sí—, se tendría un solo sistema verde patrimonial-fluvial que conecta la memoria de Medellín y Antioquia con su ferrocarril y su centro, su institucionalidad y su naturaleza, multiplicando el uso real de cada uno porque la gente podría caminar de uno a otro sin cruzar avenidas hostiles ni soportar temperaturas asfixiantes, especialmente los miles de funcionarios que allí se reúnen.
Los corredores verdes de la primera administración del actual alcalde demostraron que era posible enfrentar con resultados al clima desafiante de esta Medellín del siglo XXI. La red de corredores logró bajar la temperatura promedio 2 °C en apenas tres años, y en algunos puntos concretos la reducción superó los 3 °C. Quiero ser atrevido, y entendiendo que lo que ocurre hoy en el eje de la plazoleta de La Alpujarra, la Plaza de las Luces y Plaza Mayor es la existencia de una isla de calor urbana que incluso irradia calor durante la noche, es razonable proyectar que este nuevo eje verde podría bajar entre 2 y 3 °C la temperatura superficial percibida en ese triángulo de plazas duras, mejorando además el confort térmico peatonal justo en las horas de mayor uso institucional y turístico del centro.
Eh hombre, ojalá.
¡Ánimo!
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/