Los logros y bondades del mecanismo Obras por Impuestos después de ocho años de implementación se cuentan en cientos y miles. Más de 514 proyectos ejecutados, 288 municipios beneficiados, más de 3,9 billones de pesos invertidos y un robusto ecosistema de empresas, organizaciones de la sociedad civil, entidades territoriales y académicos que le apuestan a un novedoso mecanismo que tiene el potencial de rediseñar los roles y relaciones del Estado, los contribuyentes y las comunidades para una inversión pública más eficiente y eficaz en el cierre de brechas de desarrollo de los territorios que más lo necesitan ¿Qué futuro le depara al mecanismo en el recambio del gobierno?
El presidente electo ha manifestado pública y reiteradamente su rechazo a los acuerdos de paz y la arquitectura institucional que lo soporta. Propone, entre otras cosas, la supresión de la JEP, la eliminación de la Consejería para la Paz, la Unidad de la Implementación de los Acuerdos y la Agencia para la Renovación del Territorio, esta última que es la entidad encargada de articular el mecanismo en el Gobierno Nacional. ¿Sería capaz de desmontar Obras por Impuestos o la institucionalidad que lo soporta y que lo ha vuelto exitoso?
Este mecanismo tributario, que permite que los grandes contribuyentes paguen parte de su impuesto de renta a través de la ejecución de obras en los municipios más afectados por la violencia, fue creado como una de las fuentes de financiación de la implementación de los acuerdos de paz con las FARC, especialmente para cerrar las brechas territoriales en aquellos lugares que más sufrieron la violencia y el abandono estatal. Ha sido, quizás, la fuente de financiación más sostenida, exitosa y libre de escándalos que ha tenido la implementación de los acuerdos.
Ninguna orilla política, sin importar su posición sobre el acuerdo del 2016, se ha atrevido a cuestionarlo, y por el contrario, su éxito es aplaudido por todos los sectores políticos y empresariales. Incluso el vicepresidente electo José Manuel Restrepo propuso aumentar cinco veces el cupo CONFIS destinado al mecanismo, lo que sería un gran acierto. Sin embargo, este impulso podría ser en vano sin una institucionalidad que lo soporte, acompañe a los contribuyentes y articule a las entidades nacionales y territoriales en su ejecución. Con el desmonte de la institucionalidad y objetivos de la implementación del acuerdo de paz también quedaría en el limbo el propósito original del mecanismo que es descentralizar y llevar la inversión pública a los territorios más afectados por la violencia.
Desmontar la implementación de los acuerdos de paz requiere una reflexión más profunda y sopesada que el revanchismo simplista de una orilla política que considera a estos acuerdos como una claudicación del Estado a los ilegales armados. Las comunidades han visto avances e inversión en sus territorios gracias a una institucionalidad dedicada a ello por la implementación de los acuerdos de paz y serán ellas las que sufrirán el caos de su posible desmonte.
Al nuevo gobierno le pido más reflexión. Obras por Impuestos es un ejemplo de lo exitoso que puede ser una relación de colaboración entre actores alineados a un objetivo común. Como este, las derivaciones del acuerdo de paz son un compromiso, ya no del Gobierno con la extinta guerrilla, sino con los territorios y las comunidades que más sufrieron sus vejámenes. Desmontar los acuerdos podría significar un incumplimiento a quienes más esperan del Estado y un retroceso en ese cierre de brechas que empezaron a verse y con mecanismos como Obras por Impuestos empiezan a cerrarse. No desmonten la paz.
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