Desmembrar Antioquia: el desesperado anhelo de Petro por arrodillarnos

Los Antioqueños no podemos guardar silencio ante el peligroso capricho de Gustavo Petro: crear un nuevo departamento en el Magdalena Medio. Aunque en su retórica presenta este dislate como una supuesta mejora administrativa, en realidad se trata de un ataque calculado contra nuestra economía, nuestra cultura y nuestra seguridad. No es casual que busque arrancarnos municipios como Caracolí, Maceo, Puerto Berrío, Puerto Nare, Puerto Triunfo y Yondó, pues estos territorios forman parte integral de la estructura productiva del Departamento, y constituyen también un símbolo de identidad y soberanía. A Petro, como lo ha demostrado muchas veces, no le interesa resolver los problemas de la región; antes bien, busca agudizarlos, intentando dividirnos para así dejarnos vulnerables.

Petro entiende bien las consecuencias económicas de su iniciativa. Al desgajar de Antioquia a estos municipios, destruye un pilar neurálgico en nuestros ingresos fiscales. Perder esta región significaría una reducción brutal en los recursos que sostienen servicios como salud, educación e infraestructura, mientras destruye al mismo tiempo las cadenas de comercio y suministro que permiten el engranaje productivo paisa. El Banco Mundial ya señala al Magdalena Medio como una de las zonas más pobres de Colombia. De cumplirse el deseo de Petro, sólo aumentaría la miseria, ahuyentando la inversión y sembrando un caos económico con consecuencias devastadoras.

Nuestra integridad cultural también se vería amenazada. Hemos construido una identidad forjada en la historia y en las tradiciones que, en medio de la diversidad, nos ha legado el Magdalena Medio. Festividades como el Festival del Pescador y la Atarraya en Puerto Berrío, o las del Limón y la Simpatía en Puerto Triunfo, forman parte esencial de lo que nos define como antioqueños. Desmembrar esta región es como arrancar un fragmento vivo de nuestro ser colectivo, amputando la herencia que nos filia como pueblo. Lejos de ser una idea inocua, esta iniciativa encubre un propósito claro: diluir la antioqueñidad, extirpar nuestra cultura bajo el pretexto de una reorganización del territorio.

El Magdalena Medio antioqueño lleva años atrapado bajo la influencia de grupos armados como el ELN y las disidencias de las FARC, y la creación de un nuevo departamento no solo no resolverá esta crisis, sino que la agravará. Además de no promover la paz, esta división generaría un caos administrativo que debilitará la coordinación de las fuerzas de seguridad, complicando aún más la lucha contra estas organizaciones. Además, las nuevas estructuras burocráticas impulsadas por Petro abrirán la puerta a una mayor corrupción, un flagelo que históricamente ha alimentado las múltiples formas de violencia en la región.

Los problemas estructurales del Magdalena Medio, como la pobreza extrema y el subdesarrollo, no van a desaparecer solo porque se dibuje una nueva línea en el mapa. Esta es una solución simplista propia de los populistas. Al contrario, tal fragmentación permitirá una mayor inestabilidad política, con disputas por los recursos y el control territorial, lo cual no solo perpetúa la precariedad, sino que la amplifica, dejando a los antioqueños de manos atadas para enfrentar la delincuencia y desarrollar una economía de mercado capaz de llevar oportunidades a un territorio lleno de heridas, que necesita unidad para sanar, y no la fractura que propone Petro, pues esta vía sólo contribuye al aumento de la criminalidad y, de paso, al sometimiento de las comunidades por la fuerza de las armas.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/julian-vasquez/ 

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