Cuando callan las voces, crece el tsunami

Es física. Cuando un objeto que pende de un punto se aleja cada vez más de su posición de equilibrio y luego se suelta, la gravedad hace que regrese con fuerza. Con el poder pasa algo parecido. Cuando se acumulan los silencios, los vetos, los excesos y la sensación de que se perdió el equilibrio, tarde o temprano llega la reacción.

El gobierno de Abelardo lleva exactamente un mes y es más que evidente la lógica de vetos y aplausos. 

La palabra “niña” parece no hacer parte del vocabulario. Ni “campesino”. Difícil imaginar nuestro país sin niñas y sin campesinos.

Una semana después del encuentro con Alejandro Santo Domingo, el dueño de Caracol, se da por terminado el programa de Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo sin una explicación pública, quienes han cuestionado al presidente desde tiempo atrás. Se cree que hubo presión del Gobierno.

Luego vino el caso de Carolina Soto, cuyo nombramiento a la Cámara Colombiana de Infraestructura duró apenas unas horas, a pesar de ser una mujer con todo el conocimiento y la altura para asumir el cargo. Sin dejar de lado a Hannah Escobar, quien Salió del Ministerio de Salud por presiones políticas e ideológicas.

Todo esto podría analizarse por separado, pero hay algo que los conecta: los límites. Y aquí quiero hablarles a los medios.

¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre que ahora todos parecen ser RTVC? A falta de uno, ¿ya salieron todos a dejarse acomodar por el poder?

Los medios tienen una responsabilidad que está por encima de cualquier gobierno de turno. Están comprometidos con el país, con la Constitución y con la democracia, no con quien ocupe temporalmente la Casa de Nariño.

Tenemos un país democrático. La libertad de expresión y la libertad de opinión no son favores: son derechos. Y una democracia necesita medios que incomoden al poder, que investiguen, que cuestionen y que permitan que la oposición tenga voz.

Porque una cosa es el poder y otra muy diferente es lo que dejamos que hagan con él.

Porque el silencio no elimina una opinión. No elimina una inconformidad. No elimina a la gente. Solo la acumula.

Ningún dedo es capaz de tapar el sol. Y ningún poder, por más control que tenga sobre la conversación pública, puede impedir que las personas lean, piensen y opinen. Más ahora con las redes sociales.

Permitan darle espacio a la oposición. Permitan cuestionar el poder. Permitan investigar y llevar cuentas de las cosas que ocurren. Permitan que los colombianos puedan cuestionar y dar su opinión sobre lo que pasa. Permitan que los servidores públicos rindan cuentas de sus actos.

Porque si ustedes callan, la gente no deja de pensar. Y como todo lo que se aleja demasiado de su equilibrio, esa voz termina regresando con más fuerza.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/daniela-serna/

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