Confiar en el vecino

El país sabe cuántos homicidios hubo ayer. Casi nunca se sabe cuánto confía una persona en quien vive al lado, y de ello depende, en parte, lo que ocurre antes de que algo se convierta en delito.

En Colombia, esa confianza se queda en el círculo cercano. En la octava ola de la Encuesta Mundial de Valores, la confianza en la familia es altísima y en los conocidos sigue siendo alta. Pero cae rápidamente a medida que la persona se vuelve menos cercana y, frente a quien se acaba de conocer, es muy baja.

La confianza no es lo mismo que la tolerancia. En Bogotá, la misma encuesta muestra que el rechazo a tener como vecinos a personas de otra raza o a personas homosexuales cayó con fuerza respecto de 2018, aunque persiste en algunas localidades. Se acepta más al otro, pero eso no implica que se confíe más en él. La tolerancia evita el conflicto abierto. La confianza permite la cooperación. Para la convivencia hacen falta las dos.

Esto importa para la seguridad por una razón que la academia ha estudiado durante décadas. En un trabajo clásico sobre barrios de Chicago, los autores llamaron eficacia colectiva a dos cosas juntas: que los vecinos se tengan confianza y que estén dispuestos a actuar cuando algo anda mal. Es el vecino que interviene para evitar una pelea en la calle o que reclama por daños en un espacio público del barrio. Los barrios con más de ella registraron menos violencia. Y la diferencia no se explicaba por quiénes los habitaban ni por la violencia que ya habían sufrido.

Lo que cuenta no es solo confiar. Es estar dispuesto a hacer algo. Esas acciones pequeñas son el primer nivel de la convivencia y se apoyan en una confianza mínima de que el otro hará lo mismo.

Cuando esa confianza falta, el conflicto cotidiano tiene dos caminos. Escala hasta volverse violento, o se resuelve ante un tercero que impone su ley. Y quien desconfía del vecino y de la policía tampoco denuncia, así que el problema no llega a ninguna estadística.

Conviene cierta cautela. Los resultados de Chicago no se han replicado de la misma manera en todas las ciudades. Además, la causalidad puede ir en la dirección opuesta, ya que la violencia también destruye la confianza. No es seguro cuál pesa más.

Aun así, los indicadores de seguridad casi nunca miden la confianza entre vecinos ni la disposición a intervenir, y una política que no los considera trabaja con solo una parte del cuadro. Medir la confianza no la crea, pero permite saber en qué barrios la convivencia se sostiene por sí sola y en cuáles depende por completo de la autoridad.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/cesar-herrera-de-la-hoz/

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