El cuento de Gabriel García Márquez que describe perfectamente mi sensación actual del mundo.
Para resumir, el cuento trata de una mujer que se despierta con el presentimiento de que algo malo va a pasar. Se lo cuenta a sus hijos y el comentario empieza a recorrer todo el pueblo. Cada persona, como en un teléfono roto, le agrega algo, lo interpreta, lo exagera. El miedo se contagia hasta que deja de ser una sospecha y se convierte en una certeza. En medio del caos, alguien prende fuego a su propia casa. El fuego se propaga y el pueblo termina en llamas.
Cuando pienso en ese cuento no encuentro ninguna diferencia con lo que está pasando hoy. Veo odio en las redes sociales. Veo noticias falsas, manipulación y bodegas influyendo en la opinión de las personas reales. Veo mensajes que se vuelven virales en WhatsApp, donde ya no importa entender al otro sino tergiversar lo que dijo para desacreditarlo, ganar una discusión, conseguir likes o provocar emociones. Veo fanatismos amparados en religiones. Veo políticos que empiezan a creerse mesías. Y veo personas defendiendo hechos que, si los hubiera cometido su contrincante ideológico, serían los primeros en condenar.
Una mentira puede llegar a millones de personas antes de que alguien se detenga a comprobarla. Una acusación se hace viral en cuestión de horas. El algoritmo termina encerrándonos en una realidad en la que solo vemos aquello que confirma lo que ya pensamos.
El miedo y la rabia terminan apoderándose de nuestras acciones. Y una sociedad asustada busca certezas. Busca culpables. Busca a alguien que prometa poner orden sin importar las consecuencias. Incluso lo que debería ser una cualidad mínima en un líder terminó convirtiéndose en un defecto. La mesura ahora se llama tibieza. La prudencia, cobardía. El conocimiento técnico, intelectualismo. El pragmatismo, falta de carácter. Pensar con criterio, una debilidad.
Mientras tanto, quien grita más fuerte demuestra firmeza y quien ofrece respuestas simples para problemas complejos parece tener la razón.
Por eso me inquieta el rumbo que estamos tomando. Veo países cada vez más enfrentados, migrantes convertidos en una amenaza, fanatismos creciendo y una sociedad cada vez más dispuesta a justificar lo injustificable.
Y vuelvo al cuento de Gabo. El rumor se convirtió en miedo y el miedo terminó llevando al pueblo a hacer aquello que tanto temía. Es eso lo que veo hoy. Nos veo cada vez más dispuestos a dejar que nos digan quién tiene la culpa, quién es la amenaza y quién puede salvarnos, hasta que nuestras propias decisiones terminen haciendo realidad aquello que tanto temíamos.
La historia ya nos mostró qué puede pasar cuando una sociedad entrega su criterio a quien promete salvarla: dejamos de ver al otro como una persona como nosotros, aceptamos la discriminación, obedecemos sin cuestionar y terminamos justificando la violencia como una necesidad.
No sé qué va a pasar con nuestros países. No sé hasta dónde vamos a llegar con una polarización que parece crecer sin límites, ni cuántos de esos derechos que hoy damos por sentados estamos dispuestos a poner en juego.
Quizás estoy siendo pesimista.
Ojalá.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/daniela-serna/