Conquistadora de América

Solo diré que, a partir de la experiencia de mi corta vida, en complementariedad a lo genuinamente poco que han leído estos -no tan modestos- ojos; a mi parecer, Liliana Bodoc es la escritora latinoamericana más grande de todos los tiempos.

No tuvo la fama de otras referentes culturales tales como Isabel Allende, Laura Esquivel, Gabriela Mistral, Pilar Quintana, Elena Garro o Samanta Schweblin, entre muchas otras. Pero lo que sí tuvo fue una prosa inmaterial que hilaba puentes entre lo tangible y lo poético; entre lo real y lo que solamente el alma puede palpar. Las cosas que los ojos no logran contemplar y que las manos no pueden percibir. Su estilo estuvo caracterizado por la fábula,

La conocí a mis 15 años, por una clase de español en la que se nos encomendó leer su primera novela, con la cual iniciaba su primera trilogía. Dicha obra la había realizado unos 18 años antes, cuando el siglo XXI recién daba cuerda y la globalización había alcanzado su punto más alto. Su obra literaria no seguía la misma tendencia que muchos novelistas latinos, quienes solían evocar penas del pasado o dramas mundanos con ápices surreales. Su obra pretendió definir un pulso único, que no pedía permiso para ser, sino para evocar una manera distinta de interpretar las historias. Fuesen verdad o fuesen ficción.

La saga de los confines fueron los primeros libros que ella realizó, y propiamente los que me han marcado con mayor profundidad por el resto de mi vida. Cuentan la historia de la resistencia de la conquista de las américas, con nombres, interpretaciones e hilos narrativos distintos a los delirios literarios que el público lector está acostumbrado.

La conquista no surgió del descubrimiento, ni de la riqueza natural o los vaivenes de la geopolítica global de los siglos XV y XVI; sino que surgió de una premisa sumamente sencilla: el hijo de la muerte empezó a vagar por la tierra, y su propia naturaleza violenta lo llevó a levantar un ejército destinado a extender su mandato de odio por todo el mundo. De allí que su llegada desde las tierras antiguas (el viejo mundo) a las tierras fértiles (el nuevo) sea una metáfora o analogía de las guerras imperiales por el control regional que se vivieron en las Américas.

No pretende evocar una recreación de fantasía con guiños a los hechos acontecidos; solo busca relatar con un estilo poético -no tan surreal como el de Alejo Carpentier, ni tan visual como el de García Márquez- las luchas pre-coloniales desde sus vicisitudes humanas, políticas, espirituales, bélicas, sociales y revolucionarias. Esta primera trilogía le había valido 6 reconocimientos nacionales e internacionales, desde la Argentina hasta Venezuela hasta Alemania durante los primeros años del milenio.

Liliana solía decir, en una de las muchas conferencias que dió, que a veces la literatura servía para conjugar las mentiras con la imaginación, para mezclar lo que es falso con lo que no existe. “La ficción y las mentiras siempre están estrechamente relacionadas” ella planteaba. Porque fabular sobre lo que nos evocan las emociones, tiene una connotación de matizar el mundo que nos rodea de la mano de todo lo que nos sucede, con aquellas sensaciones que solo las emociones humanas evocan. Ella enaltecía mucho el poder de la palabra, contundentemente asociada a la poesía por su capacidad para ilustrar con disparates la realidad que nos toca todos los días; los momentos más críticos de la vida con colores que no son fáciles de pintar. Para ella, la ficción era sumamente poderosa, dado que en la ficción se podía “mentir para decir la verdad».

No había pasado mucho desde que terminé “Los días del venado” para que me llegara la noticia de que Liliana había fallecido prematuramente a tan solo sus 59 años, culpa de un infarto agudo de miocardio que puso un alto a su extraordinario paso por este mundo. Es extraño que aquellas personas que uno empieza a admirar tan repentinamente, desaparezcan de inmediato de su alcance terrenal. Supongo que a final de cuentas, los referentes van y vienen, el mundo corre indiferente y las obras quedan. Después de todo, a veces quedan frases tales como 

“El odio no suele debilitarse con las caídas sino al contrario. Se levanta, brutal, y ruge hacia los cuatro puntos cardinales. Pero el Amor tampoco se debilita con las caídas sino al contrario. Se levanta, lastimado, y canta…”

Y de ello, entre muchos otros fragmentos de su obra, hacen de ella una conquistadora de las américas, y su espíritu.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/

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