Que me empiece a resbalar

El miércoles cumplí 33 años.

Este año me empezaron a salir canas. Tengo manchas en la cara y mi piel ya no se ve como en las fotos de hace unos años.

Confieso que me las arranco. Que cuando voy al baño, a veces hundo la barriga. Que en las fotos trato de posar derecha. Que hago zoom en el diente que no está del todo alineado. Hay días en los que me miro al espejo y encuentro cosas que quisiera cambiar, incluso cuando sé que no deberían importarme tanto.

También me cuestiono las vidas perfectas que veo en redes. Me pregunto cuánto hay de verdad en todo eso. Pero, aun así, a veces me comparo. Y ahí estoy, cuestionando una cosa y cayendo en ella al mismo tiempo.

Me conflictúa buena parte del contenido que encuentro por y para mujeres. No quiero hacer hipopresivos. Me resbala el restaurante de moda. No quiero pensar media hora qué ponerme. No quiero ver más videos de mujeres maquillándose frente a una cámara mientras hablan de su día, de la pestañina que usan o de cómo comer sin calorías y con más proteína. Me choca esa forma de hablar lenta, pausada y dócil que tantas veces parece venderse como el ideal femenino.

Quisiera que todas esas cosas ocuparan menos espacio en mi cabeza. Poder ver una foto sin compararme, encontrarme una cana sin arrancármela y salir de mi casa sin pensar demasiado en cómo me veo.

Quiero que me importe un pepino. Pero todavía me importa.

Y me pasa algo parecido con el resto de mi vida. Me cuesta disfrutar lo que tengo sin pensar en lo que me falta. Estoy agradecida por lo que he construido, pero al mismo tiempo siento que debería haber hecho más, aprendido más, viajado más, leído más. Estudiado más, aprovechado mejor el tiempo. A veces me pregunto en qué momento empecé a vivir con la sensación de que siempre voy tarde, de que debería estar haciendo algo más, aunque no siempre tenga claro qué.

Quisiera que, en lugar de pasar horas viendo el desfile de Victoria’s Secret, comparándonos con los cuerpos que durante años nos vendieron como el ideal de belleza, habláramos más de las mujeres que admiramos por sus ideas, sus decisiones y lo que han construido. De las veces que se han equivocado y han tenido que empezar de nuevo. Que nos inspirara parecernos a alguien por su criterio, su valentía, su curiosidad o su manera de tratar a los demás.

Me gustaría que dejáramos de medir el valor de una mujer por su cuerpo, su edad o su capacidad de parecer siempre joven. Que una cana fuera una cana y no una derrota. Que pudiéramos envejecer sin sentir que estamos perdiendo una carrera en la que nunca decidimos participar.

Tal vez cumplir 33 me está haciendo pensar en el tiempo de otra manera. No sé si es que ahora pasa más rápido o si soy más consciente de que no alcanza para todo. No puedo leer todos los libros, conocer todos los lugares, construir todas las cosas ni convertirme en todas las versiones de mí que imagino.

Y quizás tampoco tengo que hacerlo.

No sé muy bien cómo se consigue eso. Mañana probablemente vuelva a arrancarme una cana o a hundir la barriga cuando pase frente al espejo. Pero quisiera empezar a darme cuenta de por qué lo hago y recordar que hay muchas otras cosas en las que quiero gastar mi tiempo.

Cumplí 33 años. Me están saliendo canas y siento que el tiempo no me alcanza. Quiero que me importe más la vida que estoy viviendo que la imagen que intento dar de ella.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/daniela-serna/

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