A quien venga

Para escuchar leyendo: Canción de cuna para despertar un hijo, Piero.

A poco más de un año de las elecciones de octubre de 2027 ya suena el ruido de siempre: apellidos, avales, encuestas. Se habla mucho de quién y poco de qué. Por eso, antes de que lleguen los eslóganes, y en medio de las primeras promesas vacías, vale la pena que los ciudadanos pongamos nuestras condiciones a quienes quieren lanzarse. No son un programa de gobierno, son un contrato mínimo de decencia. A continuación, una propuesta de decálogo de lo mínimo que junto a mis paisanos debemos exigirles a los candidatos:

Uno. Díganos qué decisiones difíciles van a tomar y cómo vamos a saber si las tomaron. Metas con cifras y fechas, no adjetivos: no “una ciudad más segura”, sino cuánto bajarán los homicidios y cómo. Y que cada meta traiga su costo: a quién le va a incomodar, qué van a dejar de hacer para poder hacerla. Gobernar es elegir, y quien no está dispuesto a perder algo por una decisión correcta no está listo para ser alcalde. Las decisiones serias casi nunca rinden en una campaña, así que tómenlas sin mirar la próxima. No aguantamos otro alcalde que no gobierne, sino que prepare su campaña presidencial.

Dos. Hablen del POT. Dónde y cómo crece esta ciudad, que en 2017 ONU-Hábitat ubicó como la tercera más densa del mundo, es la decisión más grande y la menos debatida.

Tres. Cuiden el centro. Prado, nuestro único barrio patrimonial, no puede seguir entre el abandono. La Playa debe revitalizarse, debemos tener derecho a nuestro centro.

Cuatro. Entiendan que la seguridad cambió de cara. Según Medellín Cómo Vamos, en 2025 los homicidios por convivencia superaron por primera vez a los del crimen organizado. Ya no basta con drones; hace falta pedagogía, comunidad y salud mental. No nos hacen falta braveros ni bravucones del en vivo; nos hacen falta gobernantes serios.

Cinco. Expliquen cada decisión, no solo las que duelen. Qué se hace, por qué, con qué criterios técnicos y qué pasará con quienes resulten afectados. Gobernar es educar, decía Pedro Aguirre Cerda, y educar es, en esencia, un acto de comunicación. Un alcalde que decide sin explicar deja un vacío que llenan el rumor y la desconfianza. Eso vale para un desalojo por riesgo, un cambio de ruta del Metro o un contrato de miles de millones: la transparencia no es un favor que se le hace a la ciudadanía, es parte de la decisión.

Seis. Miren más allá del Valle de Aburrá. Una ciudad que presume de desarrollo mientras el departamento espera una vía, un puente o un acueducto se parece demasiado a la vieja vitrina. Medellín y Antioquia deben llegar juntas al progreso.

Siete. Tómense en serio a la gente. Una ciudad que carga con sus laderas, su movilidad y su salud mental no necesita ocurrencias de campaña, como un segundo piso para la Regional mientras el departamento espera una vía digna, ni un centro de culto en La Macarena. Esas propuestas buscan titulares, no soluciones. Suelten la política pop, la del aplauso fácil y el video viral, y denle altura a la ciudad: proponga solo lo que pueda explicar, financiar y cumplir. Prometer algo ridículo también es una forma de irrespeto, porque supone que a los ciudadanos se nos convence con cualquier cosa.

Ocho. Hagan de la participación algo más que un ritual. Que el presupuesto participativo cambie decisiones y no solo sirva para la foto.

Nueve. No manoseen el dolor ajeno. Las familias en riesgo y las víctimas no son escenografías de campaña.

Diez. Honren lo construido. Si algo funciona, corríjanlo y sigan, aunque lo haya hecho el contrincante. Esta ciudad ya pagó muy caro los modelos exitosos destruidos por ego y por rencor.

Nada de esto exige un salvador superhumano. Exige equipo, humildad y la disposición de embarrarse las manos. A quien venga: la ciudad no necesita que le prometan el cielo, sino que le cumplan lo mínimo, porque -como dije en otra columna- en lo público todo acto debe ser, en esencia, un acto de amor.

Y a nosotros, los que votamos, nos queda lo que menos hacemos: recordar y exigir. Quien pida el voto debería poder explicar qué hizo, qué prometió y qué pasó con eso. Si exigimos esas diez cosas y las escribimos donde puedan leerlas, quizá en un año no elijamos solo un nombre, sino una manera de gobernar, y podamos volver a sentirnos orgullosos de nuestra Alcaldía.

¡Ánimo!

Pdta: Dios te pague por todo, paisano Piero, sobre todo por la canción con ternura y el amor a esta patria.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/

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