Medellín descompuesta 

En las últimas semanas algo se quebró en Medellín. Es como si este valle estrecho estuviera colmado de inconformidades. A mi pesar, es una acumulación de malestares que empieza a generar una nueva versión del «no futuro».

Sentir que Medellín ya no es propia es el primer paso para su descomposición. No faltará quien me muestre que 7 de cada 10 personas se sienten orgullosas; pero olvida que sentirlo no es lo mismo que ser orgulloso y esta ciudad lo es, porque aprendió a refugiarse en una postura de superioridad frente al entorno; “al mal tiempo, buena cara”, diría el adagio popular.  

Creo que Medellín está descompuesta porque sus ciudadanos ya no encuentran donde vivir. Arriendos por las nubes y un sueño esquivo de tener vivienda propia. Una ciudad descompuesta porque de esa capacidad histórica de resolver problemas colectivos ya queda poco. Se estima que en 5 años se dobló el número de habitantes de calle y de la prostitución ni hablemos. 

La ciudad también se corrompe al aplaudir la ostentación. Una carrera por el lujo es también el afán por el no futuro. Acá poco importó que un equipo de ciclismo financiado con recursos públicos recibiera a un pedalista echado de Europa por infracciones asociadas al dopaje. Acá se aplaudió porque ganaba con la marca Medellín en el pecho. 

Medellín para recomponerse requiere también una apuesta de transformación profunda. La ciudad tendrá que volver a construir un futuro colectivo, en el que nadie se quede rezagado, donde el atarban no pueda seguir incólume y donde lo importante no sea solo conseguir plata mijo. 

Porque, finalmente, hace 30 años que no circulaba tanta plata en Medellín. Así tantas cosas hayan cambiado desde los 90, hoy también se siente la atmósfera pesada. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-palacio-2/

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