Una breve historia de la izquierda en Colombia

Los primeros adalides de la izquierda partidista en el siglo XX colombiano habrían sido María de los Ángeles Cano, Tomás Uribe Márquez e Ignacio Torres Giraldo, personalidades protagónicas del Partido Socialista Revolucionario (PSR) en 1926, después de que el Partido Socialista de 1919 no lograra consolidarse como una organización política formal.

Doña María, líderesa social y defensora de los derechos de los trabajadores, fue conocida como la “Flor del Trabajo”. Su vida estuvo al servicio del activismo social y a una intensa producción intelectual que comenzó en la tertulia Cyrano y continuó en espacios como El Correo Liberal.

Tomás Uribe Márquez, periodista, ingeniero agrónomo y humanista, promulgó las luchas contrahegemónicas de su tiempo y asumió una postura particularmente radical frente a la cuestión obrera. Su apoyo a los trabajadores afectados por la Masacre de las Bananeras de 1928 le valió persecución y represión policial.

Ignacio Torres Giraldo, por su parte, fue un ferviente sindicalista y antiguo simpatizante del liberalismo radical de Rafael Uribe Uribe y Benjamín Herrera, cuyas ideas terminaría llevando hacia posiciones socialistas. Fue además redactor de La Humanidad y Tierra, dos publicaciones fundamentales de la primera izquierda colombiana.

No es casualidad. Buena parte de las ideas que posteriormente serían apropiadas por la izquierda colombiana —la defensa del trabajador, la ampliación de derechos, la función social de la propiedad y la crítica a los privilegios— tenían antecedentes en el liberalismo radical. La izquierda colombiana, antes de ser comunista, también fue heredera de una tradición liberal.

Pero aquella primera alternativa revolucionaria enfrentaría severas adversidades. La represión posterior a las Bananeras y la persecución de sus dirigentes terminaron por desarticular al PSR, que hacia finales de los años veinte había perdido buena parte de su capacidad política. De aquella fractura surgiría, en 1930, una nueva organización: el Partido Comunista Colombiano. A diferencia del socialismo heterogéneo del PSR, el nuevo partido asumió abiertamente el marxismo y buscó incorporarse a la tradición comunista internacional.

Aparecieron entonces Guillermo Hernández Rodríguez, Luis Vidales, Gilberto Vieira y Jorge Regueros Peralta, junto a antiguos dirigentes del PSR como Torres Giraldo. Hernández Rodríguez sería el primer secretario general del partido y Tierra, su principal órgano de prensa, serviría para difundir las reivindicaciones obreras y campesinas. Vidales, poeta y miembro de la vanguardia literaria de Los Nuevos, llevaría su vocación intelectual hacia la militancia revolucionaria y ocuparía la secretaría general entre 1932 y 1934.

Pero la izquierda no se confinó a las ciudades. El campo se volvería uno de sus grandes escenarios de disputa. Las ligas campesinas, las luchas por la tierra y las organizaciones de colonos e indígenas dieron al comunismo una base social que trascendía al movimiento obrero. Allí aparecerían figuras como José Gonzalo Sánchez, mientras Manuel Quintín Lame representaría una tradición de lucha indígena y agraria que conservaría mayor autonomía frente a los partidos. Luego vendría el liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Después de investigar y denunciar los acontecimientos de las Bananeras, Gaitán construiría una alternativa distinta al comunismo. Esta sería la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR), que intentó organizar a trabajadores, campesinos y sectores populares alrededor de la cuestión agraria y de una concepción nacional de la transformación social.

Gaitán no era comunista. Su pensamiento mezclaba el liberalismo radical, el socialismo y el nacionalismo popular latinoamericano. La UNIR tendría una vida breve, pero su experiencia dejaría una corriente que posteriormente regresaría al Partido Liberal y se transformaría en el gaitanismo. Así, durante los años treinta quedaron configuradas varias tradiciones que marcarían la historia posterior de la izquierda colombiana: el comunismo organizado, las luchas agrarias y el gaitanismo nacional-popular.

Tras el asesinato de Gaitán, la izquierda colombiana entró en una nueva etapa. La violencia política, el Frente Nacional y el cierre del sistema partidista empujaron a distintos sectores hacia formas de organización más radicales. Surgieron las guerrillas liberales y, posteriormente, las FARC, nacidas en 1964 bajo la influencia del Partido Comunista, mientras el ELN y el EPL ampliaban el mapa de la insurgencia. Años después aparecería el M-19, una guerrilla de carácter nacionalista y urbano que, tras su desmovilización, tendría un papel decisivo en la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

La izquierda también intentó regresar a las urnas. En 1985 nació la Unión Patriótica, surgida de los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC. Su posterior exterminio convirtió a la UP en uno de los episodios más dolorosos de la historia de la izquierda colombiana. Más adelante, la desmovilización del M-19 y otras experiencias políticas contribuirían a la formación de nuevas expresiones electorales, hasta llegar al Polo Democrático y, décadas después, al proyecto que llevaría a Gustavo Petro a la Presidencia.

No se trataba únicamente de administrar ministerios, ocupar curules o disputar contratos públicos. Aquellos dirigentes tenían una causa que consideraban superior a ellos mismos: la tierra, los trabajadores, la soberanía, la organización popular y la transformación del orden social. Podían equivocarse —y se equivocaron—, pero existía una convicción de que la política debía producir una transformación histórica.

La izquierda colombiana llegó finalmente al poder con Gustavo Petro. Y cuatro años después, su heredero Iván Cepeda, no llegaría a  la presidencia por menos de un punto porcentual. Mientras algunas de sus reformas comienzan a ser desmontadas, queda una pregunta: ¿qué queda de aquella izquierda que alguna vez quiso cambiarlo todo?

Quizá el desafío ya no sea simplemente volver a gobernar, sino encontrar una causa capaz de sobrevivir a un gobierno.

¿Cómo se lidera una revolución desde un Estado paquidérmico?

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/

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