Cómo vivir bien juntos

Ayer terminó la versión número 20 de la Fiesta del libro y la Cultura. La Fiesta es — dejándome llevar por el aldeano vanidoso que me habita cada año en el Jardín Botánico de Medellín, de ese rasgo parroquial que reafirma la valía de uno sobre otros — el evento del libro más bello de Colombia y de Latinoamérica. Como viene pasando desde 2024 hubo una franja de conversaciones que se pregunta por cómo podemos vivir bien juntos, por cómo es posible una buena vida comunitaria.

La pregunta que proponen la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín y Sura en los eventos del libro busca reflexionar a propósito de lo que Aristóteles, los contractualistas, Alain Touraine, Jorge Giraldo Ramírez, Martha Nussbaum, Victoria Camps y otras señalaron. Este año Juan Esteban Constaín, Carolina Sanín, Adolfo Eslava, Laura Hamond, Lucas Vargas Sierra, Lucía González, Fernanda Trías, Lina Meruane, Andrés Caro y Andrés Mejía Vergnaud pusieron su mente y su palabra para cavar en esta cuestión. Sus pensamientos supieron encender un fuego para seguir iluminando la pregunta que nos convoca.

Quiero subrayar tres ideas que aparecieron y quedaron retumbando. La primera es la dimensión moral de la atención que nos señala Simone Weil. Prestarle atención al otro es dejarlo aparecer. En tiempos en los que los celulares drenan toda nuestra disposición a estar atentos, no mirar la pantalla para poner los ojos en las palabras o las acciones de otro ser humano, parece un gesto casi imposible. Weil nos dice que cuando hay una atención generosa y honesta hay una suerte de disminución del yo que deja que el otro aparezca, sin el ruido de nuestros prejuicios. Cuando atendemos a quien nos habla le damos espacio para que se presente ante nosotros. Ese reconocimiento del otro es clave en el vivir bien juntos.  

La segunda es lo que nos recomienda Walt Whitman. En su “Song of Myself” el poeta nos dice que seamos curiosos, que tengamos la mirada dispuesta a la novedad y a la maravilla. El otro es siempre un objeto de asombro. Disponerse a ser curioso, a querer saber quién es el otro, es crucial en la buena vida social. Cuando la imagen de los desconocidos se deja a la imaginación ansiosa no puede aparecer nada bueno. Los prejuicios son también un vestido mentiroso que le ponemos a las personas. La curiosidad rompe ese vestuario artificial con hechos en los que podemos reconocernos: él también es esto o aquello, una persona que ama, que teme, que espera. Y viéndonos en ese espejo, podemos por supuesto, encontrarnos y ser compasivos.    

La tercera es “mirar por la ventana”. Asomarse a la vida y a la historia para ver que pese a que vivamos en un mundo en el que pasan y pasarán cosas horrorosas— hay también, o al menos eso cree una persona que habló en la franja Cómo vivir bien juntos— una especie de telos del mundo que tiende hacia la luz. La mayoría de interacciones diarias no están mediadas por el conflicto o la violencia. La sensación de que nos estamos matando todo el tiempo y a todas horas es un relato amplificado por las redes sociales y los medios de comunicación en general. Si nos fijamos bien, la vida es una acción colectiva que sale mucho más bien que mal.   

Quizás por estas razones la Fiesta del libro y la Cultura sea un espacio para la vida buena en común. Durante diez días, cientos de miles de personas atienden y escuchan, dejan que el otro aparezca. Se sientan junto a desconocidos, prestan atención a una voz que no es la suya, descubren una historia que no conocían, se dejan sorprender. Quizás vivir bien juntos empiece ahí: en la disposición humilde a mirar, escuchar y descubrir que el otro — antes que un peligro o un infierno— puede ser alguien que todavía no conocemos.   

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