La misma m*erda, pero en reel

La democracia colombiana es primitiva. Esto quiere decir que, al momento de elegir a un candidato para cualquier cargo de elección popular, muchos ciudadanos fundamentan su decisión en sus relaciones de amistad, familia o intereses comunes. Eso deja en un segundo plano el debate de las ideas o las propuestas frente a los problemas del país.

Esto se hace mucho más evidente en las elecciones al Congreso de la República, en donde muchos ciudadanos ven su ejercicio del voto, más que como una representación democrática, como un padrinazgo que sirva de amparo para proveer un empleo, una ayuda o cualquier favor que tenga como intermediario a un congresista.

A partir de ese fenómeno democrático se desprenden varios de los males que aquejan a Colombia: el clientelismo, la cooptación de las entidades públicas y la corrupción. Esta realidad no es desconocida, pero sí muy callada, porque al final “cuando no puedes contra el sistema, te unes” y, como dice Gilmer Mesa, “la revolución aguanta hasta que la nevera se vacía”. Irse en contra del sistema es un acto complejo, más cuando se depende de ese mismo sistema para subsistir.

Para sumar ingredientes a este sistema político, las redes sociales han hecho su aparición y, con su llegada, también han emergido nuevos liderazgos. Gracias a esta nueva visión digital de la política, hemos transitado a una guerra de indignaciones y denuncias, en donde un día cierto sector comunica por medio de redes sociales un acto de nepotismo, corrupción o derroche del contrario, y al otro día pasa lo mismo, pero desde el otro sector. Es como un partido de tenis en donde la bola se tira de lado a lado.

Esta fórmula de denuncia e indignación ha sido una estrategia ganadora para muchos neopolíticos, quienes administran la indignación y los likes para posicionar sus nombres y hacer crecer su caudal electoral. Sin embargo, ese partido de tenis no aporta mucho. Los problemas del país siguen jugando en esa misma cancha y nadie se ha atrevido a cambiar las reglas del juego.

Dicho de otra manera, ese saque y revés de indignaciones y denuncias no ha hecho más que dejar en evidencia los problemas reales del país: corrupción, nepotismo, clientelismo, abuso del poder, despilfarro de lo público y ausencia de un interés real de servir.

Es por ello que, hasta que alguien no ponga el dedo en la llaga, hasta que alguien no decida irse en contra de ese sistema primitivo de la democracia, el país seguirá igual. Lo único que cambiará son sus formas, que ya no son solo en plaza pública o casa a casa, sino por medio de un reel o un post.

Ese debería ser el llamado a los neopolíticos, tanto de izquierda como de derecha: entender que el enemigo común no siempre está al otro lado de la ideología, sino dentro de un sistema que usa la política para repartir favores, llenar bolsillos, premiar lealtades y exprimir cada gota del erario. Antes de pelear por quién es más viral, deberían hacer un frente común para sacar a quienes no merecen representarnos. Son ellos la causa de que Colombia siga tolerando la mierda.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/ramon-de-los-rios/

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