Everything is supposed to be quiet after a massacre, and it always is, except for the birds.
—Kurt Vonnegut. Slaughterhouse-Five, or The Children’s Crusade.
En toda guerra,
Un pelotón de cualquier bando cruza un gélido pantano y encuentra, alumbrado bajo el sol de la otra orilla, el esqueleto descompuesto de un ave mediana. Hay, también, una que otra pluma que recuerda su vuelo vencido.
¡Recuerda!
Una mujer a ya incontables kilómetros de su casa se levanta de una breve siesta sin techo y, por un instante, recuerda la cotidiana angustia de no haber entrado la ropa que dejó colgada en el tendedero.
En todas las guerras,
Un niño disfrazado de soldado de sangre hirviente se desarma de la vida y se deja poseer por un grito de ultratumba que lo saca de su trinchera y lo lleva a la ráfaga. Hay quienes a eso le llaman armarse de valor, milagro, salvador… Su tumba permanece vacía y su nombre mal escrito en el epitafio. Nunca obtuvo su libreta militar.
¡Recuerda!
Un perro tuerto y sin pelo ladra con una furia que sabe que no le pertenece en una noche sin luna y alarma a todos los hambrientos y harapientos caminantes sin rumbo que intentan cerrar los ojos por un rato. El perro no está acostumbrado a dormir sin cobijas. Ya nadie duerme.
En toda guerra,
Un guayabo amarillo se llena de gusanos y moscas de todos los colores donde antes hubo una pareja adolescente que robaba sus dulces color labios. En su suelo de raíces se dibuja un tapete rosado, amarillo y café tejido con hilos de abandono y podredumbre.
¡Recuerda!
Nace un bebé en la casa que reposa en diagonal al estadero donde, la tarde anterior, la voz grave de un hombre barrigón que llegó en camioneta activó una cuenta regresiva.
En todas las guerras,
Una huerta manchada de polvo de ladrillo y esquirlas de vidrio de una ventana por la que, hace apenas dos días, una abuela entregaba un café y una tibia sonrisa a su nieta que, preciso, estaba de visita. No la volverá a ver. No volverá a sonreír.
¡Recuerda!
Una oscura pared de pintura descascarada y sin testigos se mancha de sangre donde antes hubo un tablero con sumas, restas, hiatos y diptongos.
En toda guerra,
Un niño pierde su muñeco de trapo en un sendero de ya secos girasoles donde, en su travesía de exilio, una familia también pierde a su perro tuerto y sin pelo que se extravía entre la hojarasca de bochorno y angustia.
¡Recuerda!
Una iglesia remota abre sus puertas para ofrecer un réquiem bajo llave y, sobre todo, para prestar sus baños donde, en vez de papel higiénico, se usan periódicos. Ni el cura, extranjero, se atreve a hablar de esperanza.
En todas las guerras,
Semillas germinan con agua de lágrimas. Empiezan a crecer flores sobre un muerto anónimo enterrado por manos desconocidas a la orilla de un río. Un silencio de viento agita sus pétalos.
¡Recuerda!
Una balacera altera el religioso horario de vuelo de una parranda de cacatúas que desafían la llegada de la noche en el cielo rosado. Una se pierde para siempre y cae, rendida y sin vuelo, a la orilla de un pantano.
En todas las guerras, un río se tiñe de rojo. Hay quienes, borrachos de realidad, a eso le llaman surrealismo y exigen pruebas con una equis en un tarjetón. Olvidan…
En toda guerra. ¡Recuerda! En todas las guerras. ¡Recuerda! En toda guerra. ¡Recuerda!
En toda la guerra. ¡Recuerda! ¿Cuál es el enemigo?
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/martin-posada/