El Oriente antioqueño, el presente del progreso

Mientras buena parte de las regiones de Colombia siguen preguntándose cómo atraer inversión, generar empleo o dinamizar su economía, el Oriente antioqueño enfrenta un problema distinto: cómo administrar el éxito. Este martes 28 de julio se realiza el foro “El Oriente, la cuna del progreso” #SeCuentaElOriente, organizado  por El Colombiano (@elcolombiano), la Cámara de Comercio del Oriente (@CamaraOriente) y la Corporación Empresarial del Oriente (@CEOCorporacion). La región además de conversar sobre cómo puede seguir siendo un motor económico; necesita dialogar sobre cómo puede gobernar ese dinamismo territorial.

Las cifras son elocuentes. El Oriente aporta alrededor del 11% del PIB de Antioquia, concentra uno de los polos energéticos más importantes del país, pasó de poco más de 20.000 a cerca de 25.700 empresas entre 2021 y 2025, y registró 13.540 negocios inmobiliarios solo en el valle de San Nicolás durante 2025. Hoy el desafío, además de seguir atrayendo desarrollo, es impedir que el crecimiento termine desbordando al territorio que lo hizo posible.

A mi juicio, ese reto tiene 3 dimensiones inseparables.

La primera es gobernar el crecimiento. El Valle de San Nicolás dejó de ser una suma de municipios vecinos para convertirse en un sistema urbano regional. Sin embargo, sigue siendo administrado principalmente desde fronteras municipales pensadas para el siglo XX. La expansión de Rionegro, La Ceja, El Retiro, Marinilla o Guarne ya no puede entenderse como procesos aislados. Movilidad, vivienda, seguridad, servicios públicos, uso del suelo y equipamientos exigen una gobernanza metropolitana capaz de coordinar decisiones que hoy trascienden las capacidades individuales de cada alcaldía. La política debe alcanzar la velocidad de la economía.

El segundo reto consiste en reconciliar el crecimiento económico con la sostenibilidad ambiental. El atractivo del Oriente no nació únicamente de sus zonas francas, sus industrias o su aeropuerto. También nació de su agua, de sus bosques, de su paisaje y de una calidad ambiental que miles de familias buscan precisamente para escapar de las externalidades de la gran ciudad: Medellín. Sería una paradoja histórica que el éxito económico destruyera aquello que hizo exitoso al territorio. Sin reglas claras en este sentido, la prosperidad económica que ahora vive el Oriente, terminará socavando sus propias bases ambientales. (@cornare).

Pero existe un tercer desafío, mucho menos visible para los oriundos de cada municipio y para los recién llegados, pero probablemente más decisivo a largo plazo: construir una identidad regional alrededor del ser del “oriente antioqueño” y en particular del “altiplano” o del “valle de San Nicolás”; una construcción de identidad que, por ejemplo, ya se empieza a ver en Urabá, como lo demostró la semana pasada el festival ‘Vibra Urabá 2026’, organizado por Comfama (@Comfama).

Las regiones no se consolidan únicamente mediante carreteras, aeropuertos o parques industriales. También necesitan símbolos compartidos, narrativas comunes, memoria colectiva y un sentido de pertenencia. En otras palabras, necesitan una estética del territorio.

El Oriente antioqueño ya funciona como una unidad económica. Ahora debe aprender a sentirse una comunidad política y cultural. Eso implica reconocer que Marinilla (@mmarinilla), Rionegro (@AlcRionegro), El Carmen de Viboral (@ElCarmenV), La Ceja (@LaCejadelTambo), Guarne (@AlcaldiaGuarne), El Retiro (@elretiroant), La Unión (@Launionant), San Vicente (@SanVicenteFerr) o El Santuario (@AlcSantuario) construyen juntos el futuro de este territorio, no por separado. Una identidad regional no elimina las diferencias municipales: las articula alrededor de un proyecto colectivo, una idea de región.

El filósofo Benedict Anderson escribió en ‘Comunidades imaginadas’ (1983) que toda comunidad política es, en buena medida, una comunidad que se imagina culturalmente a sí misma. Quizás el mayor reto del Oriente sea precisamente ese: imaginarse como región antes de que la conurbación la convierta en la periferia de Medellín.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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