Para escuchar leyendo: La Noche Sin Ti, Los Huayra.
Hace un mes y tres días, Abelardo De la Espriella sabe que será presidente de la República de Colombia. Hace un mes y tres días, De la Espriella sabe que será responsable por la administración y conducción de un país divido, lleno de bombas de tiempo y de crisis para las cuales ya no basta el “Fuera Petro”. Y en todo ese tiempo, el equipo del presidente electo, y él mismo, parece que se ha concentrado en anuncios medianos, en titulares rimbombantes y en estrategias de corto vuelo.
Que si otra capital, que si la posesión en una guarnición militar, que si Procolombia en Medellín, que si el Escudo de Las Américas. A ver hombre, yo entiendo al presidente y a su grupo. Ganaron con una agenda y estos anuncios se alinean, yo siento coincidencias con una búsqueda fundamental por la descentralización. Pero todo lo que hemos visto es más titular que planes profundos, y preocupa, porque la tarea que tiene por delante es, creo, la más difícil que presidente electo haya tenido en al menos cinco décadas.
El próximo gobierno no va a tener una luna de miel: va a recibir un país con varias bombas de tiempo activadas al mismo tiempo. La primera es la plata: Bancolombia calcula que el déficit fiscal podría cerrar 2026 entre el 6,5% y el 7% del PIB, muy por encima de la meta oficial del 5,1%, y la caja disponible del Estado en abril apenas llegaba a $10,2 billones, muy por debajo de lo normal para esa época del año. Para completar el panorama, The Economist proyecta que Colombia tendrá el tercer mayor déficit fiscal del mundo en 2026, solo detrás de Brasil y Polonia, y en abril S&P bajó la calificación de la deuda colombiana a BB-, un nivel que no se veía desde 1993.
Una segunda bomba es el tema energético: Andesco advirtió que la deuda de más de $2,7 billones que la empresa Air-e le debe al mercado eléctrico podría provocar un racionamiento del 20% de la demanda nacional, justo cuando entre el 65% y el 70% de la energía del país depende de las hidroeléctricas, es decir, de que llueva.
Otra, una tercera es la seguridad: solo hasta el 9 de julio, Indepaz contaba 70 masacres en lo que va de 2026, con 278 víctimas, una cifra que ya venía marcando el peor arranque de año desde el Acuerdo de Paz de 2016, y que se suma a los 75 líderes sociales asesinados en el primer semestre. La mesa con el ELN, sigue congelada desde el ataque a Arauca en 2024, y de todas las negociaciones de Paz Total solo tres seguían vigentes hacia finales de 2025. Lo más grave ocurrió en Catatumbo, donde el ELN tomó cerca del 90% del territorio del Frente 33 y desató una crisis calificada por la Defensoría como «emergencia humanitaria». El nuevo gobierno hereda mesas inconclusas y estructuras armadas ya incrustadas en una paz que nunca cuajó.
Y más allá de las masacres y el conflicto armado, hay una inseguridad que se siente en el día a día de las ciudades. En Bogotá, entre 2024 y 2025 los casos de terrorismo aumentaron un 223%, y la capital ya tiene la segunda tasa de hurto más alta del país (1.554 casos por cada 100.000 habitantes), solo detrás de Pasto, con el robo de motos disparándose 64,2% en la madrugada y la violencia intrafamiliar creciendo más de 45% en la noche. Medellín es otro ejemplo: los hurtos a personas subieron 6% este año, con 10.368 casos. Con excepciones, claro, Sincelejo bajó sus hurtos un 27% y hoy tiene la tasa más baja del país, muy por debajo del promedio nacional de 294 casos por cada 100.000 habitantes.
La cuarta es el hueco pensional: Asofondos calcula que el Gobierno tiene un faltante de entre 7 y 9 billones de pesos en Colpensiones porque calculó el gasto pensional de 2026 con una inflación del 7,5% mientras el salario mínimo subió mucho más, un hueco que ha llevado al Ejecutivo a intentar trasladar $25 billones de ahorro de los fondos privados, una jugada frenada por el Consejo de Estado.
Podría seguir, pero lo importante es que el nuevo gobierno pueda entender su papel histórico y la enorme responsabilidad que tienen frente a sí.
Yo le deseo lo mejor al presidente electo y a su equipo, quiero que les vaya bien para que al país le vaya bien, pero estamos a tiempo de exigirles y apelar a una grandeza necesaria en esta hora urgente. Necesitamos que el gobierno entrante, así como el recién instalado Congreso, entienda en cada nivel que debe aplicar, con total decisión, una política con P mayúscula, con el talante, la visión, la majestad y la responsabilidad que estos tiempos les exigen.
Ánimo, presidente.
¡Ánimo!
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