Fútbol para dummies: introducción y provocación

Dummie es una palabra en inglés que puede utilizarse con propósitos diferentes: uno amigable, referido a personas inexpertas en un tema que, por tanto, requieren ilustraciones básicas sobre el mismo; el otro es despectivo, porque se usa para calificar a alguien como tonto o necio. El interés de esta columna es didáctico: cualificar los debates sobre el fenómeno del fútbol, que, con ocasión del Mundial, se vuelven más apasionantes y frecuentes. Los columnistas no solo podemos, sino que también debemos hacer pedagogía sobre los temas de nuestro interés.

 En el fútbol, como en pocas materias, la mayoría de ciudadanos nos consideramos autorizados para opinar de igual a igual, no importa si tenemos buen criterio o no. Pero una cosa es tener el derecho a opinar y otra –diferente y mucho más exigente– es tener la autoridad para hacerlo. Las opiniones respetables exigen entender primero la cosa analizada, so pena de quedar atrapados en la obviedad –cuando no trivialidad– del sentido común. No está por demás recordar que lo más obvio en la vida es que casi nada es obvio, como veremos.

Por tanto, pongo a consideración de los lectores algunas nociones o criterios básicos para analizar el fútbol, si se quiere trascender la expresión libre y espontánea del fanático, para llegar a una opinión digna de consideración como analista. En aras de una mejor ilustración, intercalaré esas ideas con ejemplos y opiniones puntuales en cada ítem.  

La calidad en el fútbol. Depende de dos asuntos fundamentales: el talento individual o innato de sus practicantes; y, como en los demás deportes, del entrenamiento y la gestión de cuatro aspectos: lo técnico, lo táctico, lo físico y lo psicosocial. La tendencia en los análisis es a sobrevalorar los dos primeros y a subestimar los dos últimos. Un gran error.

Es el problema incluso de algunos comentaristas prestigiosos, que tienden a comentar el fútbol como una ciencia exacta. Saben mucho de estrategia y viven buscando la verdad en el fútbol. De ahí que sus análisis estén atiborrados de cuestiones tácticas y sean muchas veces impíos con los asuntos psicológicos y sociales que impactan a jugadores, técnicos y equipos.

 Con ese enfoque estrecho llevan años dándole garrote a la Argentina de Scaloni, pese a su éxito. No entienden que su prioridad era otra: devolverle a la selección la confianza para poder ganar títulos. Su método fue jugar partidos amistosos contra rivales de poco peso, pero que le servían, al tiempo, para definir un estilo de juego, forjar una mentalidad ganadora y, ante todo, fortalecerse como grupo. Con esa fórmula ganó dos copas América, un Mundial y ya está instalado en la segunda final consecutiva. Su equipo tiene una entrega y una mística nunca antes vistas en una Copa Mundo.

Resultados versus calidad. Tanto la calidad innata como la entrenada son factores esencialmente intrínsecos que no siempre garantizan triunfos y títulos. Hay factores externos –deportivos y extradeportivos– que pueden ser tanto o más determinantes en el resultado final. Entre otros, juegan también los rivales (su historia y su momento deportivo), la política (el deporte preferido de Infantino); la economía (marcas, marketing y apuestas); la justicia (jueces y VAR); y el infaltable azar (como en el sorteo de los grupos, los “goles de otro partido”, etc.). Ignorar los asuntos externos en los análisis es ingenuidad, exagerarlos es conspiranoia.

Un ejemplo de la combinación de estos factores se dio en el sonado Argentina-Egipto. La albiceleste, además de los errores o favores de los jueces, contó con la ayuda de su rival, que no supo administrar una ventaja cómoda a quince minutos del final. Pero, “ayúdate que yo te ayudaré”, también echó mano de virtudes propias, como el talento inagotable de Messi y la determinación de todo el equipo para superar la adversidad. La remontada fue posible tanto por los “regalos” (de la FIFA y de Egipto) como por sus capacidades individuales y colectivas.   

Los roles de los técnicos. Un cuerpo técnico tiene básicamente tres roles. Primero, seleccionar los jugadores: para cada torneo y partido. Segundo, entrenar todos los aspectos internos de calidad mencionados (física, técnica, táctica y mental). Y, tercero, dirigir los partidos desde el banco, en donde se pone a prueba su capacidad estratégica. Hay también un rol de dirección general del grupo en el camerino y en las concentraciones, ligado al entrenamiento psicosocial.

 A diferencia de los clubes, en las selecciones nacionales es mínimo el tiempo para entrenar, de ahí que las funciones de entrenador y director sean más determinantes. Además, son pocos los entrenadores buenos en los tres tópicos (seleccionar, entrenar y dirigir). No obstante, algunos lo logran, como Luis de la Fuente, el técnico de España, por lo menos en las selecciones, que no es lo mismo que manejar clubes.  

Antes de ganar la Eurocopa de mayores en 2024, la había ganado también con la sub-21 y con la sub-19. Con los juveniles se tiene más tiempo para entrenar y demostrar su capacidad en ese ámbito. Como seleccionador se ha sobrepuesto a todas las críticas y ha liderado la renovación de España, potenciando a jugadores como Lamine Yamal y Rodri. También ha tenido el carácter para sentar a “intocables” como Busquets en su momento o Pedri ahora. Ah, y como estratega, le ha ganado tres partidos de tres a la superpoderosa Francia del cicatero Deschamps.

 Por eso, la victoria de esta semana fue más producto de la causalidad que de la casualidad. La España de De la Fuente ha sido más que la suma de sus individualidades, mientras que la Francia de Deschamps ha sido menos que su conglomerado de estrellas, como lo remarcó el propio español, luego del triunfo en la semifinal: «Hoy nos enfrentamos a la mejor selección del mundo, pero se encontraron con el mejor equipo del mundo”.

Los sistemas de competencia. Hay básicamente tres. Tipo liga, donde normalmente se juega todos contra todos y el campeón es el que más puntos acumula; tipo copa, que se caracteriza por ser de eliminación directa a uno o dos partidos; y el mixto, tipo Champions League o el mismo Mundial, con fases de grupos primero y luego el famoso mata-mata, donde sale el que pierde el enfrentamiento directo.

Parece una distinción trivial, pero cambian sustantivamente la forma de preparación, de jugar, de ejercer las funciones de los técnicos y, por ende, los resultados. Sin demeritar sus gestas, Cabo Verde pudo igualar con España y Argentina en este Mundial –tipo copa–, pero difícilmente estaría a su altura en una liga. Por esas mismas razones, hay técnicos que son buenos para un sistema de juego, pero no para otros. A Guardiola, un esencialista romántico del fútbol, que prioriza el control del juego sobre el resultado, le vienen bien las ligas. A Mourinho, también esencialista, pero de la defensa y el contrataque, le caen mejor los torneos cortos, tipo copa o mixtos.

Dimensiones de análisis. Como se ha expuesto e ilustrado, la mayoría de variables que influyen en los resultados y títulos son controlables: dejan poco espacio para el azar y son excepcionales las “jugadas aisladas” o los “goles de otros partidos”. Los campeones suelen ser los mejores: no en vano, España y Argentina, finalistas del Mundial, son los actuales campeones de sus continentes. Si se analiza bien, y con datos en mano, la incertidumbre no es tanto frente al resultado sino ante el momento en que se producirá.

Por tanto, los comentarios finos deben contemplar varias capas: jugadas, partidos, torneos y equipos (con su presente y su historia). Se puede observar el árbol, pero sin ignorar el bosque y menos el paisaje de fondo. Y jamás olvidar que están interrelacionados. Miremos dos casos frescos, de las semifinales.

Hay muchas críticas a Inglaterra por encerrarse tanto después del gol ante Argentina. Pero no deberían equipararse las dirigidas a su técnico, Thomas Tuchel, con las destinadas a los jugadores, y menos a su capitán Harry Kane. El técnico –alemán– estaba defendiendo en esos minutos su prestigio y el honor de pasar a la final; Kane –uno de los jugadores más inteligentes y comprometidos que he visto– además de su gloria, cuidaba la ilusión que tenía todo su país de volver a una final de la Copa Mundo, después de sesenta años de intentos frustrados. Pocos analistas hicieron esa distinción.

En la otra semifinal fue a la inversa. Se habló bastante del “baile” que le dio España a Francia y poco de unas jugadas puntuales que lo hicieron posible, “pese” –acotan algunos comentaristas españoles­­­– a que Yamal no está en su mejor momento. Casi nadie ponderó que pudo ser el jugador más decisivo del juego, porque España “abrió la lata” gracias al penalti que, con inteligencia y velocidad, se ganó en una jugada que parecía intrascendente. Esta acción y el perfecto cierre del arquero Unai Simón ante Kylian Mbappé cerca de la mitad de la cancha, cuando todavía iban 1-0, fueron las jugadas más determinantes del triunfo español. El maravilloso e invaluable gol de Pedro Porro se dio cuando el trámite del partido ya era muy favorable a los ibéricos.

Puntada final

Dije al principio que utilizaría la palabra dummie solo en el sentido amigable y didáctico del término, pero no está de más que le caiga también la de tonto a tanto fanático que –como en la política– confunde la libertad de expresión con la de opinión. Los fanáticos y dogmáticos opinando parecen borrachos manejando carro y diciendo que conducen mejor así que en sano juicio. Cualifiquemos la opinión para refinar el debate, tanto en el fútbol como en la política.

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