Para escuchar leyendo: Eterno amor, Los Manseros Santiagueños.
Allá parece que siempre hay taco. Vos cerrás los ojos y pensás en la avenida Oriental y seguro se te vienen a la cabeza los buses pitando y acomodándose para dejar y recoger pasajeros, los carros y motos abriéndose paso por donde pueden y el movimiento lento de un tráfico que todos sabemos ya no es viable que pase por ahí, pero por ahí lo seguimos teniendo. Es que la Oriental es, de facto, la tercera terminal de transporte de esta ciudad; creo que no hay ruta de bus que no pase por ahí en algún punto.
La Oriental, además de todo ese caos del tráfico diario, lleva a cuestas ser, junto al metro, una de las heridas que dividieron al centro. Hace poco un taxista me decía que la frontera de tranquilidad en el centro era esta avenida: «de aquí para la derecha camino, de aquí para la izquierda evito». ¿Qué hacemos entonces?
Yo creo que hay que cambiarle la lógica a La Oriental, no solo maquillarla. Me explico y sueño. Imagináte que en Niquitao, cercanos a San Antonio, revitalicemos la zona y construyamos una terminal para las rutas de bus del sur, el suroriente y el suroccidente, y que donde quedaba el centro comercial Los Puentes, cerca de la estación Prado, construyamos otra para el norte, el nororiente y el noroccidente. Ambas conectadas con la línea 2 del Metroplús, para que los buses dejen de recorrer la avenida entera y la gente pueda moverse sin que cada cuadra sea un trancón.
Y ya liberada esa carga de transporte, ahí sí uno puede pensar en vivienda de verdad, en las dos orillas de la Oriental. No unas torres sueltas sino un plan que ayude a bajar el déficit habitacional y que le dé un nuevo impulso a esos barrios de alrededor: Prado, San Ignacio, San José, Bomboná. Que cada vez más gente vuelva a vivir el centro, no solo a atravesarlo.
Ahí mismo, el edificio donde hoy está la Policía se podría convertir en colegio y centro cultural, ahora que la institución se va para el complejo que la Alcaldía construye en Los Libertadores (que ese colegio sea un Cosmos de Comfama, por ejemplo). Ese colegio sería el ancla de todo el plan de vivienda y quedaría conectado con el Paraninfo de la Universidad de Antioquia, con Bellas Artes y con todas las instituciones educativas del centro, armando un distrito educativo que uno pueda caminar de punta a punta.
Y de esa nueva lógica en La Oriental se desprende otra cosa: si cambiamos las rutas de movilidad, podemos liberar el tráfico de La Playa y por fin destapar la quebrada Santa Elena, para que esa zona recupere esos paisajes que tenía en la primera mitad del siglo XX. Todo el Paseo La Playa se volvería un referente de ciclocaminabilidad y arborización único en el país: un parque lineal con vivienda, gastronomía y cultura, no un corredor de paso.
Querido lector, es que La Oriental, con todo y su caos, también tiene esa magia: uno camina por ahí y entre las copas de los árboles todavía se escucha el trinar de los pájaros, un concierto diario que le hace a uno soñar con una ciudad más digna, más amable, más acogedora.
Ojalá. Todas estas son ideas sueltas que, por supuesto, ustedes pueden rebatir, criticar, alimentar o desmentir, pero nos sirve para pensarnos a La Oriental desde otras miradas. Ojalá.
¡Ánimo!
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