Los otros otros

La niña le preguntó a la mamá un día que si la llevaba a ver al papá que quería leerle Blancanieves y la mamá la llevó al cementerio y la niña se lo contó mirando a la tumba. Tendría unos tres años. Eso fue tan duro, que no volvimos, dice la mamá.

Y recién muerto el papá, estábamos donde la tía y pasó un señor tan parecido, que usted estaba en las escaleras y salió gritando detrás de él, papa, papa, papa. Estaba chiquita, dos años.

La niña siempre he sido yo, que cada tanto vuelvo a la historia de la persecución del papá equivocado: qué se armó en la mente de esa pequeña que vio al papá en un señor desconocido, las ganas de abrazar al hombre que desapareció así nomás, escucharlo otra vez. De preguntarle por qué se fue. Si estaba regresando para siempre.

Escucho a la mamá de la hija de Joan Sebastián. Dice: Ahora mi hija pregunta por papá y no tengo la fuerza para decirle que su papá no vendrá, que ya no lo podrá abrazar ni decirle papi, te amo. Cada noche pregunta por él, siempre dormía junto a él y ahora no lo podrá hacer.

Hay cosas que duelen siempre: ver que la historia se repite en alguien más. Es rebobinar el casete cada tanto y encontrarse en el dolor. Querer decirle a esa mamá que aunque no le diga que su papá no vendrá, que ya no lo podrá abrazar, uno lo sabrá todos los días, incluso ya grande, cuando ya le ha hecho el duelo, por una razón obvia: la ausencia reemplaza (y se siente) al muerto el resto de la vida.

Esa imagen que ella describe, en la tarde era día de estar con papá, pero nunca llegó, es una constante (también obvia): el papá nunca más va a llegar. Aunque uno lo pida con todas las fuerzas y lo espere. No como uno quisiera, porque luego uno aprende sus mañas: a mirar al cielo, a caminar con él, a rezarle, a pedirle que lo cuide, a decirle te quiero en cartas, a escribirlo, a repetir la misma historia para que no se olvide.

Luego está la indolencia, esa otra clase de violencia escondida en eufemismos y estupidez. Los comentarios a la noticia, para empezar: que por qué estaba donde estaba (saliendo de su casa), que igual en Colombia le hubiera pasado lo mismo, que por qué no apagó el carro, que por qué la hermana habla en español, que no te matan por nada, que eso le pasa por huir, que es justicia poética.

Porque cuando el muerto no duele, opinar es libre expresión.

Pero es peor: es la prueba de que hemos construido una sociedad indolente, entumecida, individualista. Una sociedad en la que las cosas (malas) les pasan a los otros. Porque no son como ellos: ellos son otra clase de pobres, otra clase de minoría, otra clase de inmigrantes, otra clase de homosexuales, otra clase de otros. Otros que tienen más derechos. Otros que se parecen más. Otros a los que no les va a pasar porque ellos sí son juiciosos y trabajadores y (poner aquí la lista de adjetivos que los hacen mejores, intocables).

Hasta que los tocan, porque algo hay en esa otredad que advierte que tampoco son de ahí, o no del todo. Porque un día los privilegios no alcanzan (hay otros con más privilegios y más poder), y todos perdemos. Todos estos otros que somos parte de la masa. O que venimos de los países de abajo. O que nos delata el color de la piel y el acento. O que tenemos dos cromosomas XX en el par 23. O (la lista es gigante). O que somos clase media o pobres. O, simplemente, porque somos los otros (los otros que no son otros, los reales).

Por eso sí importa por quién votamos: cuando se trata de quitar derechos, todos los otros somos iguales.

Yo lo sé: repito mi dolor y mi historia hasta el cansancio. Lo hago conscientemente. La razón (o una de las razones) es simple: que sigue pasando, pero el silencio es más fácil. Nos falta conmovernos más, nos falta empatía (y no de la vacía, que es la que predomina) con los demás.

Pero yo pienso en esa niña que pregunta por el papá. Dónde está el papá. Y pienso en la mamá diciéndole que está en el cielo. Y veo a la niña mirando al cielo y no encontrando al papá. No encontrándolo nunca porque alguien disparó.

Esa niña deberíamos ser todos.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/monica-quintero/

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