La semana pasada, un conductor de televisión en RTVC dijo que la cultura Metro en Medellín se respetaba gracias a que la Oficina de Envigado ejerce control sobre ella. Es una mentira indignante, absurda e irresponsable.
El Metro es una de las empresas más valiosas que hay no sólo en Colombia, sino en el continente. No es sólo un sistema de transporte: es ejemplo de transformación social, urbana y cultural. Es una prueba clara de que lo público sí puede funcionar, en tiempos en los que se le ataca tanto.
Desde antes de su inauguración en los años noventa, una de las épocas más difíciles para Medellín, los funcionarios del Metro han realizado actividades pedagógicas para que el sistema sea un espacio de cultura ciudadana. Cederle el puesto a las embarazadas o los adultos mayores, no rayar, no comer, dejar salir para poder entrar, cuidar las estaciones y los trenes y de paso cuidar la ciudad.
El Metro es una de esas razones por las que, después de esas décadas tan desesperanzadoras, nuestra ciudad fue reconocida como la más innovadora del mundo. Es capaz de llegar a las lomas más difíciles y recónditas, de ahorrar tiempos de viaje que antes se hacían eternos en más de un bus, de hacernos sentir a los ciudadanos parte del territorio que habitamos.
Es de la gente y para la gente, sobre todo de y para los más vulnerables de la ciudad. Son trenes, tranvías, buses y metro cables, pero también son los Escuchaderos para quienes no pueden ir a una cita psicológica, Bibliometros para quienes no tienen libros en casa, campañas para prevenir el acoso y dinámicas urbanas para transformar el entorno desde las estaciones hacia el resto de la ciudad.
Incluso, hacia el resto del continente: hoy el Metro opera el sistema de transporte en Quito, Ecuador, ya que hay gente en otros países que quieren que su metro funcione no como el de Nueva York o París, sino como el de Medellín. Es un motivo de orgullo y tiene razones suficientes para serlo. Meterse con el Metro es meterse con todos nosotros: con quienes lo cuidamos, lo vivimos, lo disfrutamos y lo agradecemos todos los días. Muestra lo mejor de nosotros como ciudad y como sociedad. A quienes mienten, dividen y generan resentimiento: no se metan con nosotros, no se metan con el Metro.
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