Populismo, polarización y posverdad

El mundo nunca había tenido tantas herramientas para conocer su propia realidad y, sin embargo, parece cada vez más empeñado en deformarla. La tecnología, el acceso a la información y la exposición mediática no volvieran a los ciudadanos más informados, sino más convulsos, contagiados e irritables. Tres elementos suelen señalarse como pilares de estas transformaciones: populismo, polarización y posverdad (las 3P, como suelen llamarlas algunos faltos de gusto).

La política electoral se ha desplazado hacia los extremos. Algo que, aunque previsible en medio de la frenética volatilidad política, tomó a más de uno por sorpresa. El ataque rampante es hoy la mejor estrategia. La política del espectáculo ha terminado por llevar a los bufones al trono y relegar a los estadistas a un papel sombrío considerándolos demasiado aburridos (siempre será más apasionante llamar a alguien ladrón que demostrarlo).

La verdad, tan alabada y glorificada por las personas de antaño que incluso llegaban a mancillar en su lengua, parece estar reconfigurando su existencia. Lejos de la vocación de objetividad, del rigor demostrativo o de la veneración científica, hoy reina como verdad aquello que se comparte, se cree y se interioriza colectivamente. La cuestión ya no es tanto sacar a relucir la pureza de un hecho observable a través de un método, sino hacer creer que un hecho, aunque distorsionado a la luz de la ciencia, puede ser aceptado en masa. Y, en la medida en que se cree y se repite, termina por convertirse en verdadero, pues produce efectos reales sobre las percepciones y las acciones de las personas. Así, una fantasía se asume como un acuerdo colectivo y, de inmediato, deja de ser justamente eso, una fantasía.

Y sucede que algunos se suelen indignar, dedicándole gritos y agravios al aire. suelen leer esa transformación como una advertencia, y ahí yace un grave error. Porque mientras algunos se quedan gritando, caverna adentro, que existe un mundo exterior y que las sombras no son más que imágenes distorsionadas de la realidad, otros aprovechan ese juego para proyectar sombras más grandes y reforzar narrativas que terminan siendo creídas e, irremediablemente, verdaderas.

Si la polarización, la posverdad y el populismo gobiernan, pues habrá que aprender a jugar el juego del gobernado. La única forma de mitigar los efectos negativos de esas fuerzas en nuestra sociedad es derrotarlas en el mismo juego que ellas mismas han impuesto.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-miguel-giraldo/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar