¿O más bien qué tipo de hombre eres para poder llorar? ¿Un hombre blanco, famoso y lleno de privilegios?
Hace unos días se abrió nuevamente el debate alrededor de Los hombres sí lloran, el pódcast de Juan Pablo Raba. Y puedo confesar que, como muchos, esperaba encontrar un espacio capaz de hablar de lo que significa ser hombre hoy, de las formas en las que los hombres se relacionan consigo mismos y con los demás, de la salud mental, de las emociones que aprendieron a esconder y de esa idea de masculinidad que durante años les ha exigido ser fuertes, proveedores, dominantes y, sobre todo, incapaces de mostrar vulnerabilidad.
La idea era necesaria. La conversación también.
Pero después de escuchar algunas de las discusiones que se han generado alrededor del espacio, me queda una sensación distinta. Un canal que pretende hablar de salud mental masculina no puede terminar convertido en un comité de aplausos para hombres famosos, millonarios y llenos de privilegios, donde sus excesos, sus adicciones, sus infidelidades o sus decisiones más cuestionables se cuentan como anécdotas de una vida interesante, sin que exista también una confrontación sobre lo que esas acciones significan y sobre las personas que pudieron resultar afectadas.
Y no se trata de decir que los hombres no puedan equivocarse, consumir drogas, ser infieles, tener una vida de excesos o atravesar momentos difíciles. Se trata de entender que contar una historia desde la vulnerabilidad no elimina la responsabilidad sobre lo que ocurrió en ella.
Los hombres necesitan hablar de salud mental. Muchísimo. Los datos lo demuestran. En Colombia, durante 2022, 2.254 hombres murieron por suicidio frente a 598 mujeres, según datos del Observatorio de Violencia del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses. El grupo entre los 20 y los 24 años concentró el mayor número de suicidios para ambos sexos.
Y hay otra cifra que también debería hacer parte de esta conversación. Cerca del 93 % de las víctimas de homicidio en Colombia son hombres. Es decir, los hombres aparecen de manera abrumadora entre quienes mueren producto de la violencia, pero también son mayoritariamente hombres quienes ejercen muchas de esas violencias. Ahí está una de las conversaciones que no podemos dejar por fuera.
Hablar del sufrimiento masculino también implica hablar de la manera en que el patriarcado ha construido una idea de hombre que no puede llorar, que tiene que resolver, que no puede pedir ayuda, que debe demostrar permanentemente fuerza y que muchas veces termina sin herramientas para manejar lo que siente. Pero reconocer ese daño no significa quitarle al hombre la responsabilidad sobre lo que hace con él.
La masculinidad frágil tampoco debería convertirse en una excusa para romantizar la falta de control emocional, las adicciones, la irresponsabilidad afectiva o el abandono de las responsabilidades familiares. Un hombre puede estar deprimido y necesitar ayuda. Puede tener una historia difícil. Puede haber crecido en un entorno donde nadie le enseñó a expresar sus emociones. Todo eso merece ser escuchado. Y al mismo tiempo puede tener que responder por las violencias que ofrece, por las personas que lastima y por las responsabilidades que decide asumir o abandonar.
Me parece importante que podamos decirles a los hombres que llorar está bien sin convertir esa frase en el final de la conversación. Que puedan hablar de sus heridas sin que eso borre las heridas que ellos mismos han causado. Que puedan reconocer que también han sido víctimas de una forma de entender la masculinidad y, al mismo tiempo, preguntarse qué partes de esa misma estructura están reproduciendo.
Entonces sí, los hombres lloran. Y qué bueno que lo hagan. Pero un espacio que tiene la posibilidad de poner estas conversaciones frente a miles de personas tiene también una responsabilidad enorme: no quedarse únicamente en la comodidad de escuchar a hombres famosos contar sus heridas. Hay que abrir la conversación completa, incluso cuando resulte incómoda.
Un hombre puede llorar. Puede sufrir. Puede pedir ayuda.
Y también puede hacerse cargo de lo que hace después de secarse las lágrimas.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/tania-torres/