En Antioquia las mujeres dirigen empresas, gremios, universidades y municipios enteros. Lo que todavía no han conseguido es dirigir la Alcaldía de Medellín (@AlcaldiadeMed) o la Gobernación (@GobAntioquia). Parece que, para ciertos cargos, el liderazgo femenino sigue teniendo techo y el poder, testosterona.
A un año de las elecciones locales y regionales de 2027, las primeras conversaciones sobre los relevos en Medellín y Antioquia invitan a preguntarse por qué ninguna mujer ha ganado por voto popular algunos de los dos principales cargos políticos de la región.
No parece tratarse de ausencia de liderazgos femeninos. En 2023, Antioquia eligió 22 alcaldesas entre sus 125 municipios. Sin embargo, apenas 2 de las 26 curules de la Asamblea Departamental (@asambleadeant) quedaron ocupadas por mujeres. La paradoja es evidente: las mujeres participan, compiten y gobiernan, en escenarios menores, pero su presencia disminuye considerablemente en los principales espacios de poder.
El problema tampoco es exclusivamente antioqueño. Según la Registraduría (@Registraduria), en las elecciones territoriales de 2023 solamente el 13,3% de las alcaldías y el 18,8% de las gobernaciones quedaron en manos de mujeres. Peor todavía: 469 municipios colombianos no tuvieron una sola candidata a la Alcaldía.
Anne Phillips, en ‘The Politics of Presence’ (1995), cuestionó que la representación democrática pueda reducirse a las ideas, sin considerar quiénes ocupan efectivamente las instituciones. No significa que las mujeres gobiernen mejor por ser mujeres. Significa que una democracia debe interrogarse cuando el poder permanece históricamente concentrado en un mismo grupo: los hombres.
Bogotá eligió a Claudia López (@ClaudiaLopez); el Valle del Cauca, a Dilian Francisca Toro (@DilianFrancisca) y Clara Luz Roldán (@DilianFrancisca); y Barranquilla y Atlántico, a Elsa Noguera (@elsanoguerabaq). Medellín y Antioquia siguen esperando su primera Alcaldesa y Gobernadora.
Aquí cabe una pregunta incómoda para el establecimiento de Antioquia: ¿cuánto del tan celebrado ‘progreso antioqueño’ ha transformado realmente nuestra cultura política o, al menos, las estructuras políticas? Los partidos hablan del liderazgo femenino de puertas para afuera (no hacerlo sería un suicidio electoral), pero los avales, las alianzas, la financiación, las sucesiones, etc. siguen condicionados por estructuras históricamente masculinas. Ahora, las mujeres con trayectoria, reconocimiento y capital político que hoy ocupan cargos de poder dentro de sus partidos, tampoco pueden evadir su responsabilidad sobre quiénes disputarán las Alcaldías capitales o las principales Gobernaciones en 2027 y bajo qué condiciones.
El machismo político no necesita prohibir candidaturas femeninas, porque de hecho las necesita para cumplir la cuota de género. Basta con normalizar que los hombres encabecen las apuestas políticas (las cabezas de listas y las candidaturas a los principales cargos uninominales) y que las mujeres con posibilidades reales de llegar al poder, deban justificar sus aspiraciones.
Todavía falta un año. El panorama electoral puede cambiar. Porque si algo necesitan Medellín y Antioquia, ahora, es una competencia de nuevos liderazgos políticos, ojalá femeninos, que representen proyectos con ideas que cuestionen las viejas y obsoletas certezas sobre las que fue construido el masculino ethos antioqueño.
Sería lamentable que una ciudad y una región tan orgullosa de su modernidad terminase la tercera década del siglo XXI, ofreciendo toda una exhibición de testosterona como la que ofrecen los precandidatos actuales y ni una sóla alcaldesa o gobernadora electa popularmente en toda su historia.
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