Educación e IA: a propósito del reciente informe del MIT

El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las universidades más prestigiosas del mundo por su calidad investigativa, la valoración de los empleadores sobre sus egresados, entre otros, acaba de compartir los resultados de un estudio sobre educación e inteligencia artificial que buscaba evaluar el uso actual de la IA en el MIT, Identificar innovaciones en la enseñanza y la evaluación del alumnado y proponer una política de uso de la IA

Luego de cinco meses de trabajo de dichos objetivos, se dieron cuenta que el alcance había sido limitado frente a las necesidades reales del MIT. Entre ellas, una muy relevante y es el valor de una educación en la universidad en la era de la IA y otros factores que complican la misión universitaria. Esta reflexión que ha hecho el MIT es el camino que todas las universidades y los centros educativos en el mundo deberían estar haciendo hoy.

Me sorprendió gratamente que como resultado de este ejercicio se compartieran ocho principios que guiaron el trabajo y que son la ruta para seguir avanzando. Y aunque ponen de presente que la universidad ha sido pionera en el surgimiento de la IA, tienen una responsabilidad de seguir fomentando la formación universitaria de calidad: de seres humanos por seres humanos, en apoyo del florecimiento humano y para el mejoramiento de la humanidad. 

Este planteamiento llega en un momento crítico del desarrollo y avance vertiginoso de la IA. Varios investigadores de las mayores empresas de IA han dado declaraciones alarmantes sobre la amenaza creciente para la humanidad, que podría llegar incluso a la extinción de los humanos sobre la tierra, con una probabilidad estimada del 10% hasta ahora. 

Ha sido tal el despliegue de este reconocimiento, que han intervenido desde líderes mundiales como Donald Trump, hasta el CEO de Anthropic, quien dio una entrevista la semana pasada con el ánimo de tranquilizar a la ciudadanía y a los mercados, aunque reconoció los graves riesgos de la IA y, por tanto, la necesidad de una regulación que va desde la supervisión independiente de los modelos de IA, hasta la regulación del sector y de la industria. 

No es  el propósito de esta columna centrarme en la probabilidad de la extinción del ser humano  a manos de la IA, si no tratar de traer aquí las principales conclusiones del estudio y su derivación práctica en los entornos educativos, desde una mirada propositiva y menos fatalista.

Una de las principales conclusiones del estudio es que sin duda la  IA exige una reevaluación más amplia e integral de la naturaleza, el alcance y el propósito de la educación superior en la actualidad. Yo añadiría que en todo el ciclo formativo porque el acceso hoy a la IA no excluye a ningún individuo y ya vemos por los resultados de las pruebas PISA que los estudiantes de 15 años hoy ya la están usando. Así que esta conclusión del MIT debe ser trasladada a otros ámbitos educativos. Ya la discusión no es sobre el aparato que se use en las clases -tabletas, celulares, computadores- si no qué aplicaciones se pueden usar en esos entornos y en casa para la elaboración de las tareas escolares y el proceso mismo de la enseñanza. 

También destaca el informe otras preocupaciones más específicas que cualquiera que haya usado la IA también debería tener: la confidencialidad de la información compartida con la IA, la propiedad intelectual, la huella ambiental de los centros de datos de la IA, el acceso desigual, los sesgos, entre otros.

De los ocho principios enunciados para desarrollar el estudio me llamaron la atención tres: 1) se humilde: la IA va a tal velocidad que lo que hoy se pueda decir debe ser revisado con prontitud y muy seguramente cambiar el rumbo de acción. 2) se valiente: ante la incertidumbre creciente, no podemos quedarnos en la inacción. Ser valiente significa plantarse ante estos desarrollos y tomar cursos de acción de forma estratégica y audaz. 3) poner a la humanidad en primer plano: el informe destaca los problemas crecientes en el relacionamiento entre estudiantes y profesores, la desconfianza aumenta entre ambos y tiende a profundizarse, dado el uso de la IA con barreras poco confiables y regladas. 

Destaco una frase que me pareció muy poderosa más allá de los avatares de la IA en la actualidad y es la concepción del MIT sobre el proceso educativo, que va más allá de notas académicas y diplomas: “ayudar a los estudiantes a comprender que el proceso educativo es necesariamente una lucha productiva, y que el producto más importante de su educación no es un promedio académico ni un diploma, sino ellos mismos: su crecimiento personal, su madurez intelectual y el desarrollo de su imaginación, perspicacia y criterio”.

El llamado del MIT es a reflexionar profundamente sobre qué se enseña y cómo se enseña. Asimismo, en el caso de los estudiantes, la IA no debe ser usada para reemplazar las funciones de pensar, aprender, crear y resolver problemas. Y en el caso de los desarrolladores de la IA, la reflexión debería centrarse en cómo esos desarrollos  no  reemplazan a los trabajadores sino que les permiten ser más eficaces y puedan abordar otros retos y nuevos conocimientos, en otros términos, poner en el centro al ser humano. Este llamado a la reflexión es extensible a cualquier ser humano hoy, más allá de la polémica del día a día: ¿Cuáles son las habilidades relevantes que debemos cultivar hoy? ¿Qué nos hace únicos y distintos a la IA? Son preguntas profundas y retadoras. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/piedad-restrepo/

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