El guion del presidente deja más preguntas que respuestas. ¿Tanta parafernalia qué está escondiendo? Algunos días, el presidente se pone atuendo de animador de eventos: lo vemos en las ruinas del terremoto con el casco puesto, jugando con radios, sonriendo. Pide aplausos y sonrisas mientras entrega falsas llaves de cartón y otro sartal de promesas.
¿Dónde queda el respeto por las víctimas y por sus duelos? ¿Dónde está el dinero que recibió la fundación de la primera dama? ¿Cuánto ha rentado ese dinero? ¿Cómo están usando los millones de dólares que prestó el Banco Mundial para atender los estragos del terremoto? ¿Cómo funciona (o funcionará) el Fondo Milagro?
En estos días se denominó “comandante en jefe de las fuerzas armadas y del CTI”. Una noche en Medellín, otra en Bogotá. Todo debidamente documentado en video para redes sociales. Dice que llega personalmente a liderar los operativos contra la criminalidad, que ahora sí los delincuentes no van a dormir tranquilos. Más preguntas, porque no solo le falta seriedad al presidente, sino también a los mandatarios locales:
¿El presidente no tiene responsabilidades de más alto nivel que estar trasnochando en estas tareas? ¿Las fuerzas armadas solo funcionan si el presidente amanece trabajando con ellos? ¿Los alcaldes, los secretarios de seguridad, la fuerza pública son actores de reparto?, ¿cumplen cotidianamente con sus tareas contra la delincuencia o necesitan del espectáculo del presidente para mostrar algún pírrico resultado operacional? ¿Las capturas en estos operativos cumplen con el debido proceso? ¿Es necesario humillar a los capturados? ¿El presidente está armado en estos operativos?
¿Esos resultados son el tope máximo al que llega la capacidad institucional con sus grupos de investigación y con sus fuerzas armadas? ¿Entiende el presidente que no es “comandante en jefe” del CTI de la Fiscalía porque esta hace parte del poder judicial de nuestro país, en el que existe la división de poderes?
¿En qué se están usando los presupuestos de seguridad? Los resultados son mínimos frente al inmenso poder del crimen organizado: según estimaciones del Centro de Valor Público de EAFIT, solo por microtráfico y extorsión en Medellín recibe por lo menos un billón de pesos al año.
Gobernar es menos divertido que una puesta en escena, pero es su responsabilidad. Ya es hora de que el Gobierno responda por cada peso donado o prestado y de que muestre resultados concretos en la reconstrucción. Es también el momento para que los alcaldes respondan por la seguridad de sus ciudades sin esperar que el helicóptero presidencial llegue cargado con el actor principal y su equipo de producción, y vacío de estrategias de seguridad sostenibles.
Y aquí, se prenden las luces del teatro: entretienen al país con semejante espectáculo, posan, se ríen con descaro y mientras tanto, muy calladitos, desde el Gobierno van entregando la soberanía y los recursos del país. Sin ruido, el presidente firmó un acuerdo con Estados Unidos en el que entrega información geológica privilegiada para la explotación de minerales críticos y de tierras raras. Recientemente, revocaron la resolución que protegía el bioma amazónico, dejando absolutamente pavimentada la vía para la explotación de hidrocarburos en el Amazonas. El libreto es preciso: le dice a Estados Unidos “tranquilos, aquí estamos para servirles lo que necesiten”.
Presidente, se está acabando octubre, el mes de los disfraces. Cada día se va haciendo más evidente quién es el actor y cuál es el personaje. El vestuario de presidente colombiano le está quedando tan grande que se le está cayendo, dejando a la vista el vestido de ciudadano de los Estados Unidos de Norteamérica.
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