Borrar y barrer 

Una cosa es barrer. Otra cosa es borrar. Digamos que A es un borrador Faber-Castell y B es una escoba. A crea el polvo al frotar sobre lápiz y papel. B limpia el polvo. A elimina lo escrito, transforma las palabras en cenizas. En ocasiones deja huella o una mancha.

Una cosa es barrer. Otra cosa es borrar. Si A se utiliza en demasía, B, en consecuencia, se requeriría todavía más. Es decir, entre más se borra, más polvo queda y, por tanto, más hay que limpiar. B es directamente proporcional a A. Pero aterricemos la teoría: 

Imaginen un salón de clases de colegio. Tablero, sillas incómodas, una que otra ventana, un crucifijo (por lo general, porque Dios todo el tiempo nos está viendo, como los centros de vigilancia de la policía) y un niño que, como otros quince o veinte, trabaja en sus planas de caligrafía. Aprende a escribir copiando. Este niño, a quien llamaremos 3, no logra trazar la P correctamente, en especial la p minúscula. Borra y borra y borra y borra y borra. 

La profesora, a quien llamaremos 14, con remordimiento, pero viéndose atrapada por sus obligaciones familiares y su maestría (esa tarde deberá visitar a su padre en el hospital, pasear a sus dos perritas y terminar de leer Los abusos de la memoria de Tzvetan Todorov para su clase de antropología de la religión), les dice a los chicos que tienen la hora completa para avanzar en las planas. Después, con más tiempo (que nunca tendrá), las revisará.

Sentada a la derecha de 3 está 2, quien, similar a su compañero (su principal dealer de sacapuntas), no logra trazar la f minúscula. Algo más complejo le sucede a 5: no logra trazar las curvas de esas figuras que, a su parecer, son hongos aterradores que no lo dejan avanzar. Se estresa y piensa que no terminará a tiempo y no podrá llegar a su casa a jugar… Todos borran y borran y borran y borran. Todos emplean el mismo gesto: pasan el borrador sobre la hoja y sacuden con una mano (a veces soplan el exceso de viruta o las cenizas de las palabras que quedan sobre su mesa). Todo cae al suelo y ahí se queda.

Alguien tendrá que barrer después de borrar. Ni 3 ni 14 ni 2 ni 5 se encargarán. De hecho, pisarán el polvo, caminarán sobre él, lo dejarán de ver. Sus escritorios quedan limpios, sus planas también. Al otro día regresarán, 14 habrá visitado a su padre, habrá sacado a sus perritas, habrá terminado de leer a Todorov (no sin detenerse a pensar en la relación entre la memoria totalizante y la patria milagro) y regresará al salón para que todo vuelva a suceder otra vez. 5, muy a su pesar, tendrá que quedarse encerrado terminando las cartillas, no alcanzará a jugar… 

Una cosa es barrer. Otra cosa es borrar. Digamos que A es el gobierno (cualquiera) y B es la JEP. A crea el polvo. B limpia el polvo. Szymborska lo explica mejor: Después de cada guerra / alguien tiene que limpiar. / No se van a ordenar solas las cosas, / digo yo. / (…) / Eso de fotogénico tiene poco / y requiere años. / Todas las cámaras se han ido ya / a otra guerra.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/martin-posada/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar