¿Colombia, tus hijos vivirán?

«No hay nada más funcional para la violación que el aborto». Eso fue lo que dijo la congresista Carol Borda mientras se plantaba en medio de la manifestación de mujeres feministas que conmemoraban el 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro, con una pañoleta que decía: «Colombia, tus hijos vivirán».

Y yo me pregunto: ¿qué tiene de funcional el aborto para una violación? ¿Acaso quien ejerce violencia sexual está pensando en una maternidad deseada, en la crianza de un hijo o en las condiciones en las que esa niña o mujer tendrá que asumir un embarazo? Parece que, en medio de sus consignas, se les olvida que una violación no es una decisión reproductiva, es un acto de violencia. Y que obligar a una mujer a continuar un embarazo producto de esa violencia tampoco puede presentarse como una defensa de la vida.

Coincido con la congresista en algo: hace falta educación sexual y necesitamos un Estado que garantice una protección integral a las maternidades. Por supuesto que sí. Necesitamos mejores condiciones para criar, para acceder a la salud, para planificar y para que ninguna mujer tenga que elegir entre su proyecto de vida y las condiciones económicas que le impone la maternidad. Pero esas garantías no pueden utilizarse como argumento para desconocer el derecho de las mujeres y personas con capacidad de gestar a decidir.

Lo curioso es que, además de hacer estas afirmaciones, la congresista se indigna porque las mujeres, las organizaciones feministas y otras congresistas no le prestan atención ni aceptan sentarse a debatir. Yque pena pero las mujeres no tenemos tiempo para convertir nuestros derechos en una discusión permanente. Tenemos demasiadas cosas por las cuales luchar como para dedicar cada jornada a explicar por qué merecemos decidir sobre nuestros propios cuerpos.

No estamos obligadas a participar en debates diseñados para conseguir rating, ni a prestarnos para que nuestras vidas se conviertan en una provocación política. Hay discusiones que ya tuvieron escenarios institucionales, argumentos jurídicos y decisiones. La Corte Constitucional, mediante la Sentencia C-055 de 2022, estableció que el aborto no es punible hasta la semana 24 de gestación, manteniendo las causales reconocidas anteriormente para después de ese plazo. No es una opinión de las feministas ni una concesión de quienes hoy ocupan una curul. Es una decisión constitucional

Y mientras algunas bancadas repiten que «Colombia te necesita» y se preocupan por una tasa de natalidad llegó a 1,1 hijos por mujer en 2024, habría que preguntarse qué están haciendo para que quienes sí desean tener hijos puedan hacerlo en condiciones dignas.

¿De verdad vamos a justificar la falta de nacimientos sin hablar de las mujeres que deciden no ser madres porque no tienen cómo sostener una familia? ¿Sin reconocer que también estamos previniendo embarazos adolescentes y que muchas niñas menores de 14 años están dejando de ser obligadas a parir producto de violencia sexual?

La discusión no puede reducirse a cuántos hijos necesita Colombia. Las mujeres no somos instrumentos para cumplir una tasa de natalidad. Y si tanto les preocupa la maternidad, deberían empezar por mirar las condiciones en las que viven quienes históricamente han tenido menos posibilidades de decidir.

Entre 2010 y 2017, el 97 % de las mujeres denunciadas por aborto en Colombia habitaba zonas rurales. Además, la información recogida por la Corte Constitucional señala que, en Bogotá, el 85 % de las entradas al sistema penal por aborto correspondía a mujeres de estratos 1, 2 y 3. ¿A quiénes termina persiguiendo un Estado que criminaliza el aborto? No precisamente a quienes tienen recursos para acceder a servicios privados, información y acompañamiento.

Antes de que avanzaran las garantías actuales, miles de mujeres enfrentaban abortos clandestinos, con riesgos que recaían especialmente sobre las más pobres y las que vivían en zonas rurales. La evidencia ya mostraba que las mujeres pobres del campo tenían mayores probabilidades de sufrir complicaciones y no recibir atención. Entonces, ¿qué es lo que están defendiendo cuando pretenden retroceder? ¿Una política de protección o un escenario en el que las mujeres vuelvan a morir en la clandestinidad?

Creo en las maternidades deseadas. Creo en la educación sexual, en la protección de la infancia y en un Estado que acompañe a quienes deciden maternar. Pero también creo que ninguna de esas cosas es incompatible con garantizar el aborto. Lo que resulta incompatible con los derechos de las mujeres es pretender que su autonomía dependa de las convicciones de otros que quieren opinar y gobernar con biblia en mano.

Estimados y estimadas ultraconservadoras: pueden seguir pidiendo debates, levantando pañoletas y repitiendo sus consignas. Nosotras tenemos otras luchas, otras urgencias y una vida que no se detiene cada vez que ustedes se meten con nuestros derechos por atención política.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/tania-torres/

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