Una breve historia de la derecha en Colombia

Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro publicaron en el periódico La Civilización el programa político que sentó las bases del Partido Conservador Colombiano. El 9 de octubre de 1849, ambos hombres, nostálgicos de las ideas promulgadas por el Partido Retrógrado de 1832 y pretendientes de retrotraer al país hacia una idílica sociedad colonial, ajena a los valores de la Ilustración y el modernismo liberal, respondieron al establecimiento del Partido Liberal con la defensa de los valores tradicionales, el proteccionismo económico y la abogacía por los artesanos de la época.

Los años siguientes serían difíciles, a razón del creciente conflicto entre liberales y conservadores, especialmente en asuntos como la autoridad de la Iglesia. Entrada la segunda mitad del siglo XIX, la Constitución de Rionegro redujo considerablemente su poder y la educación quedó subordinada a una política estrictamente liberal. Después de varias guerras civiles atravesadas por numerosas disputas locales, el conservadurismo se fortalecería con la aparición de Rafael Núñez y su tránsito de las banderas liberales hacia posiciones cada vez más tradicionalistas.

Sería en 1884 cuando Núñez lograría su reelección presidencial con apoyos conservadores y, tan solo dos años después, impulsaría el proyecto constitucional que perduraría por 105 años. La Constitución de 1886, producto de «La Regeneración», resquebrajó la pretensión de construir un Estado liberal y descentralizado que había caracterizado a la Constitución de Rionegro. Con ella también regresaron la influencia de la Iglesia sobre la educación y una mayor concentración del poder político.

No pasarían siquiera quince años antes de que se diera la guerra civil más catastrófica de la historia colombiana. Luego de los tres años que duró la Guerra de los Mil Días, la hegemonía conservadora entraba al siglo XX con la pérdida de Panamá y una indemnización de 25 millones de dólares. A pesar del golpe a la moral nacional, los conservadores ganarían tracción en los años siguientes con el desarrollo ferroviario y la consolidación de instituciones económicas como el Banco Nacional. No sin antes comenzar a perder apoyos entre la clase obrera.

Antes de los años treinta, con la masacre de las bananeras, el creciente activismo obrero y la entrada de las ideas socialistas y marxistas al país —al mismo tiempo que el conservadurismo se dividía en diversas vertientes—, la hegemonía terminaría en las elecciones de 1930 con la victoria del liberal Enrique Olaya Herrera. Las grandes figuras del conservadurismo en aquel momento eran Guillermo Valencia, Miguel Abadía Méndez y Alfredo Vásquez Cobo. Valencia y Vásquez habían sido candidatos presidenciales y la suma de sus votos era mayor que la obtenida por Olaya. Sin embargo, la derrota evidenciaba distintas formas de entender el conservadurismo: Valencia representaba un talante más parlamentario e intelectual; Vásquez, uno más militar y de mano dura.

Los liberales vivirían un fenómeno de división interna similar. Dieciséis años después, en las elecciones presidenciales de 1946, las profundas diferencias entre Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel Turbay permitirían que el conservador Mariano Ospina Pérez fuera elegido presidente. Dos años después, Gaitán sería asesinado y, con ello, iniciaría el periodo histórico conocido como La Violencia.

Mariano, en ese momento presidente, era un hombre formado en las lides empresariales, económicas y administrativas que moldearon su pensamiento conservador, netamente pragmático en la inclusión política. Ante la polarización que engullía al país, su perfil moderado se vería enfrentado dentro de sus mismas filas por lo que, a mi parecer, sería la ruptura histórica de la derecha en Colombia: la llegada de su sucesor y disidente en las formas políticas, Laureano Eleuterio Gómez Castro.

Una vez presidente, Gómez libraría una lucha encarnizada contra los liberales y los grupos armados dispersos en el territorio. Ospina había establecido conexiones con los liberales menos radicales y procuraba acercamientos conciliadores. Laureano, en cambio, era un hombre de corte más ideológico, propulsor del bolivarianismo, tradicional, hispanista, católico y férreo defensor de los valores que, a su juicio, se habían perdido durante la República Liberal. Su proyecto, al igual que su periodo presidencial, no continuaría tras el golpe de Estado que le asestaría el general Gustavo Rojas Pinilla en 1953.

Rojas era cercano a Ospina y a su facción moderada. Después del golpe y su ascenso a la Presidencia, mantendría buenas relaciones con el ospinismo, garantizando la supervivencia política del conservadurismo per se. Pero su proyecto de conciliación nacional terminaría dando paso al Frente Nacional, luego de la junta militar que lo desplazó en 1957, e instalaría el bipartidismo durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX colombiano.

Durante el Frente Nacional, aquella ruptura no desaparecería. El conservadurismo quedaría dividido entre quienes defendían el orden institucional del pacto bipartidista y quienes reclamaban recuperar las banderas tradicionales del partido. En paralelo, la ANAPO de Rojas Pinilla recogería buena parte del descontento frente al sistema, demostrando que la disputa por la derecha también podía darse por fuera de los partidos tradicionales.

Con Álvaro Uribe Vélez comenzaría una nueva etapa. Su proyecto, liberal en lo económico y marcado por la seguridad y el fortalecimiento de la autoridad estatal, terminaría por romper el viejo equilibrio bipartidista. Su posterior ruptura con Juan Manuel Santos y su salida del Partido de la U darían paso a la creación del Centro Democrático, reorganizando nuevamente a la derecha colombiana alrededor del uribismo.

Hoy, esa disputa parece adquirir un nuevo capítulo con Abelardo de la Espriella y Defensores de la Patria, alrededor de una derecha que reivindica la autoridad, la seguridad, la familia, la libertad y una idea explícita de patria. Ospina, Gómez, Rojas, Uribe y ahora De la Espriella representan momentos distintos de una misma disputa por definir qué debe ser Colombia.

¿Cómo se unifica al país bajo una bandera que tome todo lo que se anhela ser?

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/ 

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