La hoguera del siglo XXI

Era un placer cortar.

Era un placer ver las páginas cortadas, arrancadas, escaneadas para procesar todas sus letras entre patrones de ceros y unos. Era un placer partir los libros como se parte un kilo de carne, ver cómo sus lomos se desprendían de las solapas y se procesaban para luego botarlos. No era un proceso manual, las páginas no se arrugaban ni doblaban, sino que se soltaban del libro con un corte limpio de una cortadora hidráulica, como se cortan el acero y la piedra. Una operación mecánica, sintética, eficiente.

No es una simple paráfrasis de Fahrenheit 451, no es cualquier ejercicio creativo, esta es una realidad.

El Proyecto Panamá es un polémico proyecto de la empresa Anthropic, creadora de la IA Claude, que busca digitalizar libros usados para así entrenar a la IA con la información proveniente de esos libros, mientras que estos serían desechados después de ser procesados, afirmando en un documento interno que este era un «esfuerzo de Anthropic por digitalizar de forma destructiva todos los libros del mundo».  

La polémica se desencadenó cuando se reportó que la empresa Anthropic había comprado toneladas de libros a librerías de usado en Alemania, España, Países Bajos, Nueva Zelanda y Australia en una modalidad de venta muy inusual, encargando grandes cantidades de libros sin un motivo específico. Además, se filtraron documentos en portales como el Washington Post que revelaron que estas compras masivas hacían parte de una operación secreta que buscaba escanear “de forma destructiva” todos los textos de la humanidad, y aseguraba que “no queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”.

Este escándalo ha generado varios debates respecto a los alcances de la Inteligencia Artificial, los dilemas éticos que asumimos al entrenar de esta manera a una herramienta sumamente poderosa y los sacrificios que estamos dispuestos a aceptar como sociedad al acceder que información muy valiosa sea privatizada y destruida.

A lo largo de la historia ha habido varias quemas de libros, varios intentos para controlar el acceso de la gente a la información que algunos consideraron improcedente, inmoral o, por algún otro motivo repudiable.

Ardieron hogueras en la Edad Media buscando acabar con la herejía; ardieron hogueras en el Renacimiento cuando los descubrimientos científicos desafiaron los dogmas de la Iglesia; ardieron hogueras en las Guerras Mundiales para callar las voces de los autores que el régimen Nazi consideraba “degenerados”; y hasta ardieron hogueras en la Colombia de mitad del Siglo XX, para acabar con la pornografía y la corrupción a menores, y muchos años después se referirían a esto como un “acto pedagógico”.

Por lo general estas acciones se hacían buscando que la gente no tuviera acceso a algún conocimiento que desafiara o cuestionara a las élites, pero me atrevo a creer que es la primera vez en la historia que un exterminio de libros se hiciera buscando masificar el acceso a los datos que contienen estas obras.

Parte de la controversia que desató este caso es alrededor de los derechos de autor que se vieron vulnerados con esta acción, pero yo pienso en algo más tangible, ¿Podemos creer que esa información está realmente a salvo?

Vivimos en una sociedad cada vez más dependiente de la tecnología digital, hasta tal punto que gran parte de nuestras herramientas funcionan gracias a la electricidad, conexiones inalámbricas, entre otros. Parece que creyéramos que son servicios garantizados y fiables, pero ¿en el caso de que estos servicios y plataformas cayeran, perdieran sus contenidos, habríamos sacrificado esa información que se consumió para que una máquina memorizara miles de datos y se los tragara en algoritmos sin dejar nada?

Además de esto hay otros factores en los que pensar, ¿cómo sería el consumo de los usuarios a estos contenidos si son empresas privadas, si la información no es realmente libre, sino que depende de los sesgos propios de los operadores de Anthropic? ¿Es esta otra hoguera que restringe nuestros conocimientos mientras que nos hacen creer que serán accesibles para todos?

El hecho de que esta operación se mantuviera en secreto nos responde parcialmente algunas de estas preguntas, pero nos deja con más dudas que certezas. Nuestra época es de resistencia, y nada está asegurado: ni los valores, ni la dignidad, ni el planeta. Salvemos a las ballenas, salvemos a los bosques, y salvemos nuestra mayor fuente de información y conocimiento para seguir existiendo.  

¡Salven a los libros!

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/miguel-echavarria/

Califica esta columna

Compartir

Te podría interesar