Cuarenta y nueve días de desasosiego y temor; días de una muy cuestionable batalla cultural. Lo más reciente, el presidente con su pinta entre safari y militar, anunciando su cacería de “ratas”, con un walkie talkie en la mano y un arma al cinto. Eligieron ya quiénes son periodistas “amigos” y contra los demás, orden de no atenderlos. Recortes en cultura, deporte y regiones. Cuarenta y nueve días contando muertos en bolsas, incendios mal atendidos y prórrogas mineras; días borrando a las niñas, a los campesinos, a los pensionados y a las familias.
Y faltan mil cuatrocientos trece días.
Frenar. Mirarnos y darnos cuenta de que, precisamente, esa ideología autoritaria y belicosa busca que le sigamos el rastro minuto a minuto. Que nuestros miedos sean infinitamente más grandes que nuestras esperanzas. Se alimenta del temor y no se sacia.
Entonces, ante tanta barbaridad, tendremos que resistir, día a día. Buscar, afinar el ojo; juntarnos a conversar, a planear y a sostener cotidianos ritos estéticos. Comprometernos juntos a acompañarnos; a darnos fortaleza.
No es cerrar los ojos para evitar la angustia. Es, al contrario, informarnos, despertar la curiosidad por comprender; es resistir al autoritarismo precisamente con lo que más alergia le produce: enfrentarlo con arte, con cultura, con formación, con ternura.
Ellos quieren terror, nosotros tenemos esperanza. ¿Nos quieren enemigos?, pues démonos la mano para ayudarnos. ¿Nos quieren sumisos?, denunciemos, cultivémonos. ¿Nos quieren agobiados?, bailemos y callejeemos, ocupemos el espacio público. ¿Nos quieren borrar?, hablemos, nombremos, expresemos.
Lo que tenemos para resistir no son chalecos antibala ni armas al cinto. Nos tenemos unos a otros. No tenemos walkie talkie ni disfraces de cazador. Tenemos humor, que tanta urticaria les genera. Tenemos palabras, para describir y comprender la realidad.
Porque mientras el embajador ante la ONU dice que este gobierno no cree en la “idea romántica de la paz”, nosotros seguiremos defendiendo la vida y la dignidad; celebraremos las verdades de la JEP; acompañaremos a los deportistas y a los artistas; seguiremos defendiendo los derechos de las niñas, de los niños, de las mujeres, de las familias, del páramo, de las montañas, de la universidad pública y de los periodistas independientes.
Sí, vamos a romantizar este país.
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